Bajas temperaturas trastornan vida marítima; afectan a manatíes, iguanas y tortugas
MIAMI | Las bajas temperatura de los últimos días están impactando la vida de miles de especies como las tortugas marinas, los manatíes y las iguanas.
Las redes sociales dan cuenta que en la zona de Manatee Lagoon, en Riviera Beach, dijeron el jueves que habían contado 160 manatíes en las instalaciones, el número más alto registrado en toda la temporada.

Estos gentiles gigantes se sienten atraídos por la zona debido a las corrientes de agua cálida que salen del adyacente Centro de Energía Limpia de Última Generación de Florida Power & Light en Riviera Beach.
Dado que se espera que las temperaturas sigan bajando durante el fin de semana y que se alcancen mínimas de alrededor de 0 °C, los trabajadores de la laguna creen que es probable que aumenten los avistamientos.
Por otra parte, la tormenta invernal rompió récords en Florida, registrando el comienzo de febrero más frío de su historia. La nieve llegó al sur del estado y miles de iguanas se congelaron.
Una inusual ola de frío en el sur de Florida (EEUU) provocó una escena tan sorprendente como viral: decenas de iguanas “congeladas” aparecieron inmóviles en patios, calles y aceras.
Las temperaturas, que cayeron a niveles no habituales, tomaron por sorpresa a las iguanas, incapaces de soportar el frío extremo.
Las temperaturas, que cayeron a niveles no habituales, tomaron por sorpresa a las iguanas, incapaces de soportar el frío extremo.
El medio precisó, que la FWC habilitó cinco centros temporales en el sur y suroeste del estado para que los residentes pudieran entregar iguanas verdes vivas pero aturdidas por el frío, sin necesidad de permiso.

Según la FWC, cuando las temperaturas caen por debajo de los niveles habituales, reptiles y anfibios pueden entrar en un estado de letargo profundo, perdiendo el control muscular y aparentando estar “congelados”.
Mientras tanto, las redes sociales se inundaron de fotos y videos que mostraban a las iguanas inmóviles en entradas de casas, aceras y jardines como consecuencia de la tormenta invernal que azota a Estados Unidos.

También unas 500 tortugas marinas fueron rescatadas por la FWC y sus socios quienes recogieron más de 500 quelonios aturdidas por frío esta semana y las llevaron a instalaciones de rehabilitación para recibir atención. Pobres cosas no pueden nadar cuando la temperatura del agua baja demasiado.
Las tortugas marinas son reptiles y, como todos los animales de sangre fría, no generan calor corporal propio. Su metabolismo depende por completo de la temperatura del entorno. Cuando el agua desciende por debajo de los 10 °C (50 °F), su sistema nervioso se ralentiza, la frecuencia cardiaca disminuye y los músculos dejan de responder. En ese estado de hipotermia severa, las tortugas no pueden nadar, alimentarse ni huir. Permanecen flotando o varadas, vulnerables a depredadores, embarcaciones y a un deterioro físico progresivo que puede llevarlas a la muerte si no reciben ayuda.
El sur de Texas combina un clima generalmente templado con bahías muy poco profundas, como la Laguna Madre. Estas zonas funcionan como áreas de alimentación para tortugas verdes juveniles, pero también se enfrían con rapidez durante frentes polares. En años recientes, los científicos han observado mayor variabilidad climática: inviernos breves pero extremadamente fríos, seguidos de periodos cálidos. Esta inestabilidad, asociada al cambio climático, reduce el margen de reacción de las tortugas, que no siempre logran desplazarse a aguas profundas antes de que la temperatura caiga de forma abrupta.

Cuando las temperaturas bajan a niveles críticos, se activan protocolos de emergencia coordinados por instituciones científicas y ambientales. Organismos como el Texas State Aquarium, el Texas Parks and Wildlife y el National Park Service despliegan brigadas de búsqueda. Los equipos recorren playas y bahías a pie, en embarcaciones y con apoyo aéreo mediante drones, lo que permite localizar rápidamente a los animales inmóviles. Cada tortuga rescatada se transporta en condiciones controladas para evitar daños adicionales por el frío.
En los centros de atención, las tortugas pasan por evaluaciones veterinarias completas. El mayor riesgo no es solo el frío, sino las consecuencias secundarias: neumonía, infecciones, lesiones internas y debilitamiento extremo. La recuperación se basa en calentamiento gradual, nunca brusco, para evitar choques térmicos. Conforme el organismo se estabiliza, las tortugas recuperan movilidad y reflejos. Solo cuando el mar alcanza temperaturas seguras se autoriza su liberación, un proceso cuidadosamente planeado para asegurar su supervivencia

Las tortugas marinas cumplen un papel clave en el equilibrio del océano: controlan poblaciones de pastos marinos y algas, y contribuyen a la salud de arrecifes y fondos costeros. Cada individuo perdido afecta a todo el ecosistema. Además, la tortuga verde es una especie protegida; sus poblaciones aún se recuperan de décadas de caza, contaminación y pérdida de hábitat. Eventos de frío extremo sin respuesta humana podrían provocar retrocesos significativos en su conservación
Las tortugas marinas paralizadas por el frío son una señal clara de cómo los cambios bruscos del clima impactan directamente a la fauna marina. Este tipo de emergencias demuestra que la ciencia, la conservación y la acción coordinada pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. En un planeta donde los extremos climáticos serán cada vez más frecuentes, proteger a estas especies no es solo un acto de rescate, sino una forma de defender el equilibrio natural del que todos dependemos.

