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DE PRIMERA MANO
Rodulfo Reyes

En el enclave del petróleo que es Tabasco no pasan desapercibidos los gestos de la cima del poder. El 18 de marzo, durante la conmemoración del 88 aniversario de la Expropiación Petrolera celebrada en Pueblo Viejo, Veracruz, fue más evidente el mensaje político contra el gremio petrolero oficial que la propia ceremonia.

Sin decirlo con todas sus letras, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo marcó distancia del dirigente del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), Ricardo Aldana Prieto.

No fue una omisión; fue, más bien, una señal de que algo ya no cuadra en esa relación institucional. En un acto lleno de referencias a la soberanía energética, al rescate de Pemex y a la figura del expropiador, el general Lázaro Cárdenas del Río, el líder del sindicato petrolero más poderoso del país simplemente no existió.

Aldana fue borrado de la salutación. Mucho menos tuvo silla en el presidium. Vaya, ni su nombre apareció en los discursos oficiales, ni en voz de la presidenta ni del director general de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla.

Suena a frase hecha, pero en política las ausencias pesan más. Y en Tabasco —de donde surgieron movimientos petroleros que, con el tiempo, abonaron al nacimiento de la llamada Cuarta Transformación— ya se tomó nota del desdén, pues lo ocurrido no es un simple desliz de la memoria presidencial.

No mencionar a Aldana muestra el distanciamiento público entre el poder político y el poder sindical que por años han convivido en México.

El desdén de Sheinbaum puede tener explicación en una información del portal N+ Focus, donde se señala que los hijos del líder del STPRM incursionaron en el lucrativo negocio del suministro de diésel a dependencias federales.

El reportaje de Televisa indica que, entre noviembre de 2023 y septiembre de 2024, la Sedena habría otorgado a empresas de los juniors 42 contratos por adjudicación directa, que suman más de mil 500 millones de pesos.

Los hijos de papi lograron además otros contratos con al menos tres instituciones públicas, que elevan la suma por encima de los mil 600 millones de pesos.

Una cantidad obtenida con una facilidad que solo se explica por el parentesco. Por eso, en un régimen que ha hecho del combate a la corrupción su bandera —al menos en el discurso—, esos negocios provocan escozor.

De ahí el mensaje del 18 de marzo: un mensaje en silencio que resonó más fuerte que un grito a media noche.

En resumen, todo apunta a que líderes como Aldana han dejado de ser indispensables.

En Tabasco lo han entendido bien. Por eso, en el gremio petrolero quienes no comulgan con el padre de los juniors ya han comenzado a tomar posiciones de combate.


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