Magaly Achach: la política de suela gastada… no de lengua larga
El Gato Maya 🐾
La muerte de Magaly Achach Solís no es sólo una noticia luctuosa: es un recordatorio incómodo —casi una bofetada— de una forma de hacer política que hoy está en extinción. La de calle, la de cercanía, la que no se construía entre aire acondicionado ni con discursos reciclados, sino a ras de suelo, escuchando, resolviendo y dando la cara.
Porque sí, fue la primera mujer en gobernar Cancún. Pero reducirla a eso sería un insulto… y de paso, una cómoda simplificación para los políticos de hoy que presumen “territorio” sin haber pisado ni el lodo.
Magaly Achach no llegó a la política por casting ni por encuesta como hacen hoy en día. Llegó desde abajo. Desde la escuela pública, desde Leona Vicario, desde el contacto directo con la gente que no sale en las postales turísticas.
Llegó cuando Cancún todavía no era negocio electoral, sino tierra en disputa, desordenada, creciendo a golpes de necesidad y organización social.
Como lideresa del Frente Unico de Colonos (FUC) entendió algo que muchos hoy ignoran deliberadamente: el poder no se construye en redes sociales, se construye con la gente.
Su paso por el FUC no fue un trámite, fue una escuela política real. De esas donde se aprende a negociar, a resistir, a organizar y —sobre todo— a no traicionar. Hoy, en cambio, abundan los líderes de selfie que no podrían sostener ni una asamblea vecinal sin guion.
Su formación política bajo la sombra del ex gobernador yucateco, Víctor Cervera Pacheco, tampoco fue casualidad. Venía de una vieja escuela priista —sí, esa misma tan criticada— pero que al menos tenía algo que hoy escasea: operadores políticos de verdad. Con oficio. Con estructura. Con control territorial.
Y aquí es donde la nostalgia se vuelve crítica. Porque Magaly fue producto de un sistema político que, con todos sus vicios, formaba cuadros. Hoy, en cambio, lo que hay son improvisados con padrino, herederos de cargo o adelantados de campaña que confunden popularidad con liderazgo.
Fue regidora, diputada local dos veces, diputada federal, síndico… y finalmente presidenta municipal de Benito Juárez. No por dedazo milagroso, sino por acumulación política. Paso a paso. Sin brincarse la fila.
¿Le suena raro? Debería. Porque hoy la fila ya no existe.
Cuando llegó a la presidencia municipal (1999-2002), dejó claro que las mujeres no estaban para adornar la política local ni para cumplir cuotas de ocasión. Venía de dar la pelea desde la Asociación Nacional Femenil Revolucionaria, empujando lo que hoy muchos presumen como bandera, pero que en su tiempo costaba caro: abrir espacios reales para las mujeres, no simulaciones de discurso ni posiciones de relleno.
Y aquí viene lo incómodo para los actuales actores políticos de Quintana Roo: Magaly Achach tenía base social. Tenía historia. Tenía identidad política.
Hoy muchos tienen cargo… pero no tienen nada de eso.
En tiempos donde la política local se ha llenado de campañas anticipadas, de simulación institucional y de autoridades electorales que miran para otro lado, su figura resalta no por perfecta, sino por auténtica.
Hoy, en este Viernes de Pascua, murió una pionera. Pero más que eso, se apaga una forma de hacer política que hoy resultaría incómoda… no porque haya pasado de moda, sino porque dejaría al descubierto —sin maquillaje— las carencias de quienes hoy ocupan el poder.
Y eso, en el Cancún de hoy, duele más que cualquier luto.
