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El Gato Maya 🐾

Lo que está ocurriendo en Quintana Roo es una estrategia política descarada. Las campañas anticipadas de Eugenio Segura y Rafael Marín no sólo exhiben la lucha interna de Morena por la gubernatura; revelan algo más grave: su desprecio por las reglas… y de paso la absoluta irrelevancia del árbitro electoral.

Porque si algo ha quedado claro en este arranque adelantado de ambiciones, es que en Quintana Roo la ley es un adorno y la autoridad electoral un espectador de lujo. El Instituto Electoral de Quintana Roo —el famoso Ieqroo— no regula, no sanciona, no incomoda. Sólo observa. Y a veces, ni eso.

Cada quien está haciendo campaña, uno más que el otro, pero de ninguna manera es “acercamiento ciudadano”ni mucho menos “ejercicio informativo”.

¡Es campaña! y ya hay denuncias en el Ieqroo contra uno de estos aspirantes.

Si, ¡campaña! con todas sus letras, con recursos, con estructura, hasta con bardas, propaganda en redes sociales y mensajes dirigidos de competencia abierta… pero fuera de los tiempos legales.

Y lo hacen porque pueden.
Porque saben que no pasa nada.
Porque el costo de violar la ley es prácticamente cero.

En Quintana Roo no estamos ante aspirantes audaces, sino ante un sistema permisivo que ha normalizado el cinismo. Eugenio Segura y Rafael Marín no están probando límites… están comprobando que no existen.

Y en ese vacío institucional queda claro que el que se adelanta no se equivoca, se posiciona.

Mientras tanto el Instituto Electoral de Quintana Roo ha decidido, por omisión o conveniencia, abdicar de su función más básica: garantizar equidad.

Y esa renuncia no es técnica, es política.
Porque en los hechos, está permitiendo que la contienda se defina mucho antes de que el ciudadano tenga voz.


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