“Niño Verde”: atrapado y sin valor en la guerra de Morena Quintana Roo
El Gato Maya 🐾
La figura de Jorge Emilio González Martínez y lo que queda de su influencia a través del Partido Verde Ecologista de México atraviesan uno de sus momentos más incómodos en Quintana Roo: quedaron atrapados en una guerra que no controlan y en la que, por primera vez en mucho tiempo, no son necesarios.
Mientras Morena se desgarra en una disputa interna adelantada por la gubernatura, el Verde quedó en medio… pero no como árbitro, sino como estorbo.
Durante años, el Verde construyó su poder bajo una lógica simple: sumar lo suficiente para luego cobrar caro. Su negocio político fue claro: negociar posiciones, imponer condiciones y vender caro su respaldo. Pero ese modelo hoy está roto. Morena no necesita intermediarios.
Lo más revelador es que ni siquiera la vieja estrategia de infiltración parece sostenerse. Esos cuadros que durante años operaron bajo el cobijo del Verde y que hoy se presentan “disfrazados de guinda”, ya no son piezas indispensables. Sembraron en terreno ajeno… y ahora están siendo evaluados como cualquier otro perfil: por utilidad, lealtad y control. Y en ese filtro, muchos simplemente sobran.
Porque en la nueva lógica morenista no hay espacio para dobles lealtades. O se pertenece al proyecto, o se es prescindible. Así de simple.
El llamado “Niño Verde” enfrenta entonces una realidad que desmantela su fórmula histórica: ya no puede chantajear, ya no puede imponer, ya no puede cobrar caro. Su margen de maniobra se redujo a observar cómo el poder se reorganiza sin pedirle permiso.
Y en medio del fuego cruzado de Morena, cualquier intento de intervenir lo expone. Si toma partido, pierde con el otro bando. Si guarda distancia, desaparece. No hay jugada ganadora para quien ya no tiene fichas propias.
Lo que estamos viendo en Quintana Roo no es sólo una disputa interna de Morena; es también el desplazamiento definitivo de un modelo político basado en el oportunismo y la intermediación. El Verde apostó durante años a ser necesario… y hoy enfrenta el costo de haber dejado de serlo.
Porque en política, cuando te quedas sin capacidad de presión y sin “estructura propia”, lo único que te queda es el recuerdo de lo que fuiste.
Y eso, en tiempos de guerra, no sirve para nada.
