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De acuerdo con los últimos datos públicos, entre 2018 y 2024 más de 7 mil 350 integrantes del Ejército fueron diagnosticados con trastornos de salud mental, y al menos 84 se suicidaron

RICARDO GONZÁLEZ | El pasado 31 de marzo de 2026, un elemento activo del Ejército Mexicano se quitó la vida dentro de una vivienda abandonada utilizada como campamento temporal en la colonia Lázaro Cárdenas, al sur de Culiacán, donde la guerra entre las facciones del Cártel de Sinaloa ha obligado al despliegue constante de miles de efectivos militares.

La detonación obligó a cerrar calles y movilizó a las unidades castrenses. Los elementos que compartían el campamento con el fallecido acordonaron la zona, pero no dieron información oficial. Nadie habló. No se revelaron detalles de cómo ocurrieron los hechos. No hubo confirmación oficial ni se dio a conocer la identidad del elemento.

En la zona, vecinos reportaron haber escuchado un disparo, en el lugar sólo el movimiento de unidades y el cierre de calles, ejecutado por los propios militares en sepulcral silencio. Un silencio que no es nuevo cuando se trata de lo que ocurre dentro de las filas castrenses.

Desde dentro, la historia no empieza con la muerte, sino mucho antes, con una decisión.Seguridad Culiacán

Quería ser maestro, pero la necesidad dijo soldado

“Cuando ingresé tenía ya 20 años y como muchos niños igual tenía yo la ilusión de ser maestro o de ser soldado y la necesidad de trabajo nos trajo aquí a donde estamos”.

No es una excepción, el Ejército recluta en buena medida donde hay necesidad. Algunos entran por vocación, la mayoría por falta de oportunidades o por ambas cosas. Con los años, esa decisión se convierte en su vida entera.

“Cómo soldado mi hogar es el cuartel, mi familia el ejército, mi vida es de la nación y el amor a la patria es hasta el último aliento”.

Un militar en activo, que accedió a hablar con la condición de preservar su identidad, relató cómo se enteró del suceso ocurrido hace unas semanas:Reporte seguridad

“Se entera uno por los partes que dan los comandantes sobre los hechos. Después de unos días, y cuando hay tiempo nos leen los radiogramas sobre los casos médico-legales que pasan en el ejército para evitar hacerlos, o para tomar experiencias sobre lo ocurrido”.

“Se siente una impotencia del por qué pasó, por qué lo hizo, y por qué no buscó una solución antes de lo peor. Es raro que se vean situaciones así… pero cuando pasa luego hay ‘rachitas’ donde se aumenta el suicidio por parte del personal militar, y como trabajamos con armas, pues puede resultar más fácil querer hacerlo en situaciones críticas y de desesperación”.

Aunque aislados, estos episodios son una posibilidad real en un entorno donde el estrés y la cercanía con la muerte son constantes.

El despliegue militar en Culiacán se ha intensificado en los últimos meses como parte de la estrategia de seguridad. En colonias, sindicaturas y carreteras, los retenes, patrullajes y campamentos improvisados proliferan.

Casas abandonadas, terrenos baldíos, espacios públicos y hasta estadios de futbol funcionan como puntos de descanso para elementos que pasan meses fuera de sus unidades de origen.

Ahí duermen, comen, vigilan… y esperan.

“La presión a veces es demasiada por los jefes y generales, pero uno tiene que conservar la calma a pesar de todo, tener bien claro que en la carrera militar no queda nada más que la satisfacción del deber cumplido a pesar de las condiciones, y eso es suficiente”.

Sobre la salud mental y la preparación, explica

“No hay una preparación específica como tal, todo es parte del adiestramiento. Cuando entras al Ejército, te enseñan y te preparan para vivir el cambio de una vida civil a una vida militar. Ahora ya en funciones, nos hacen un examen psicológico una vez por año para ver las condiciones mentales del personal”.

La familia, el sostén fundamental

“Lo que nos ayuda a seguir adelante, lo que piensas para poder tener ilusión y echarle más ganas, sin duda alguna es la familia”.

Es un ancla. En un entorno donde todo cambia —la ciudad, la misión, los compañeros—, lo único constante para muchos soldados es la idea de volver a casa, aunque esa idea no siempre alcanza.

Vivir lejos de los seres queridos y en condiciones adversas es parte de la cotidianidad. En Culiacán, decenas de casas han sido improvisadas como campamentos. Los más visibles están en instalaciones deportivas, como el estadio de futbol abandonado por los Dorados de Sinaloa y el gimnasio de boxeo “Julio César Chávez”, ubicado en el Parque Ernesto Millán Escalante.Seguridad Culiacán

Pese al intenso calor y las extenuantes jornadas, los militares duermen prácticamente a la intemperie, con uso limitado e incómodo de instalaciones como regaderas y baños.

“La vida fuera de tu Unidad es difícil, ya que normalmente te mandan a otra ciudad por dos o tres meses y no tienes cómo salir hasta que regreses. ¿Las condiciones? Pues nosotros estamos entrenados, pero se sufre, en todo”.

“Se batalla con alojamiento, comida y tener agua potable o luz eléctrica, incluso algunas veces el mismo personal debe pagar por tener esos servicios. Las jornadas de patrullaje son largas, implican desvelos, y las condiciones de descanso no son tan adecuadas a veces”.

En esos espacios improvisados no hay rutina fija. Los horarios dependen de los reportes, de los movimientos en la zona y de las órdenes que llegan. Hay días de vigilancia continua, noches sin dormir y jornadas que se extienden sin claridad de cuándo terminan. El descanso es intermitente y la tensión constante.Reporte seguridad

El pasado 12 de diciembre, un soldado falleció al caer de una patrulla en movimiento frente al Mercado de Abastos de Culiacán, tras sufrir fuertes golpes en la cabeza. No hubo informe oficial. Versiones recabadas en el lugar señalaron que el joven, de 22 años, se habría quedado dormido durante el patrullaje.

Pese a todo, asegura que no son las incomodidades físicas las que más pesan.

“Se siente una soledad terrible el estar lejos de tu familia. Extrañas ver a tus seres queridos y poder convivir con ellos. En lo personal, lo más difícil es el estar lejos de la familia. En lo humano, lo más difícil que me ha tocado es ver que un compañero pierda la vida en actos del servicio, o que algún inocente sea asesinado por culpa de delincuentes y transgresores de la ley, más cuando se trata de niños”.

En ese punto, las líneas entre el deber y el desgaste comienzan a desdibujarse por la acumulación del cansancio, la distancia, la presión, la muerte cercana y el silencio posterior.

Trastornos mentales y suicidios militares

Lo que el soldado describe no es excepcional. Está documentado.

De acuerdo información obtenida vía acceso a la información por Infobae y El Sol de México, entre 2018 y 2024 más de 7 mil 350 integrantes del Ejército fueron diagnosticados con trastornos de salud mental, principalmente ansiedad, depresión y estrés postraumático. En ese mismo periodo, al menos 84 se suicidaron. En la Marina, se registraron 1 mil 198 diagnósticos y 19 suicidios.Economía México

Los manuales operativos reconocen factores de riesgo como la exposición constante a eventos traumáticos, cambios frecuentes de ubicación, aislamiento social y separación prolongada de la familia.

Sin embargo, en la práctica, la atención suele ser limitada. Las evaluaciones psicológicas son periódicas, pero no siempre suficientes frente a entornos de alta presión sostenida. Dentro de la institución, reconocer afectaciones emocionales puede interpretarse como debilidad.

En 2015, una riña al interior de la Novena Zona Militar de Culiacán terminó con un soldado muerto, tres heridos y el presunto agresor quitándose la vida. En 2020, otro elemento fue encontrado sin vida dentro de una base militar en El Sauz. No hubo explicaciones públicas claras.

Llegar al final

Para él, en lo particular, en medio del desgaste hay una meta clara: proveer a su familia y asegurar el futuro de sus hijos. Para lograrlo está dispuesto a sacrificar lo que sea.

“Ya casi, estamos a un par de años de lograr la meta que es el retiro pensionado como militar, asegurar el futuro de mis hijos, y poder ya disfrutar la vida y a la familia”.

En el Ejército, los años de servicio se traducen en resistencia y se acumulan como esperanza. La meta es no quebrarse antes de alcanzar ese punto donde, por fin, la vida deja de ser un cuartel.

“A mi familia y a las familias de todos los elementos militares mis respetos. Decirles que es como todo: todo sacrificio tiene su recompensa. Nuestra misión como militares es llegar al retiro. A todas las familias de mis compañeros les pido que motiven a sus militares, ya que la familia es el motor principal para andar al cien emocionalmente”.

Ser soldado en México implica sostener una vida entera bajo presión: la distancia, la muerte cercana y el miedo de no volver, porque no todos lo hacen.

Detrás del uniforme, detrás de la institución, hay alguien contando los días para volver a vivir.
Y quién sabe, tal vez, para convertirse en maestro.

Artículo publicado el 12 de abril de 2026 en la edición 1211 del semanario Ríodoce.

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