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El Gato Maya 🐾

En Quintana Roo ya ni siquiera se molestan en disimular. Aquí los Programas de Desarrollo Urbano sirven exactamente para lo mismo que un cenicero en una lancha: adornar mientras llega el verdadero patrón a ordenar cómo se va a repartir el territorio.

Y el caso Mahahual con el proyecto “Perfect Day” de la naviera Royal Caribbean parece sacado de un manual de “Cómo doblar leyes sin despeinarse”.

Porque no, queridos felinos del Caribe, aquí no estamos viendo simple “desarrollo turístico”. Estamos viendo una demostración obscena de servilismo político donde el poder público actúa como concierge VIP de las corporaciones extranjeras.

Dicen que el proyecto traerá progreso. Claro. Igualito que Cancún, donde el progreso llegó tan fuerte que ya ni los cancunenses pueden pagar vivienda, respirar tranquilidad o llegar temprano a su trabajo. Pero tranquilos: siempre habrá un espectacular luminoso diciendo “desarrollo sustentable” mientras entierran otro manglar.

Lo verdaderamente impresionante no es el proyecto, sino la velocidad milagrosa con la que se movieron las autoridades. Ahí sí funciona el gobierno. Ahí sí hay eficiencia.

Porque usted, ciudadano mortal, puede tardar años en conseguir un permiso para bardear su terreno, regularizar un predio o tapar un bache frente a su casa. Pero llega una naviera multimillonaria, truena los dedos y ¡abracadabra!: cambios de uso de suelo, eliminación de restricciones, más alturas, más densidades, menos límites y hasta vialidades reconfiguradas “por el bien del pueblo”, faltaba más. ¡Todo cocinado en tiempo récord!.

La alcaldesa Yensunni Martínez Hernández y el Cabildo entero terminaron convertidos en algo parecido a un departamento de relaciones públicas inmobiliarias. Morena, PVEM, PT, MC y PAN demostraron que cuando se trata de negocios grandes las ideologías desaparecen más rápido que un presupuesto público en año electoral.

Porque mientras el ciudadano se parte el alma pagando impuestos, soportando calles destruidas y servicios mediocres, nuestros honorables representantes encontraron tiempo récord para reconfigurar el PDU de Mahahual 2021 exactamente como lo necesitaba la empresa.

Y todavía quieren que la gente crea en la “autonomía municipal”. ¡Por favor!.

Aquí el mensaje fue clarísimo: en Quintana Roo el territorio no se ordena, se subasta.

Y mientras el discurso oficial habla de sustentabilidad, los hechos cuentan otro cuento: más concreto, más cemento, más altura, más presión ecológica y menos ciudadanía opinando; porque la participación ciudadana les estorba, hace preguntas incómodas y en este estado las preguntas incómodas son vistas casi como terrorismo administrativo.

¿Edificios de hasta 63 metros frente a la costa? Claro que sí. ¿Modificar restricciones ambientales en menos de un mes? Cómo no. ¿Convertir un PDU en plastilina corporativa?
Faltaba más…Todo sea por el “bienestar”.

Y luego aparece José Alberto Alonso Ovando desde la Sedetus, emitiendo el dictamen favorable que prácticamente le puso moño y tarjeta de regalo al paquete completo para que la empresa presentara su Manifestación de Impacto Ambiental ante Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Primero acomodaron el territorio y luego buscaron justificar ambientalmente el acomodo. Maravillosa inversión del orden lógico. Es como incendiar la cocina y después preguntar dónde quedó el extinguidor.

Mientras tanto, la organización Defendiendo el Derecho a un Medio Ambiente Sano insiste en algo gravísimo: que todo este proceso habría ignorado principios básicos de transparencia y participación ciudadana.

Pero seamos sinceros: transparencia y Quintana Roo rara vez aparecen juntos en la misma oración sin provocar carcajadas.

Y mientras los ciudadanos presentan amparos, recursos y denuncias, los tribunales parecen jugar el viejo deporte local: patear expedientes hasta que el megaproyecto ya sea irreversible.

Así funciona el modelo caribeño de desarrollo: primero autorizan, luego destruyen, después inauguran con mariachi y finalmente culpan al cambio climático.

Cancún ya fue sacrificado al turismo voraz. Tulum está convertido en un laboratorio de improvisación urbana con tráfico, colapso y selva mutilada. Y ahora Mahahual entra felizmente a la fila del buffet depredador.

Porque en Quintana Roo el verdadero ecosistema protegido no son los manglares. ¡Son los intereses económicos!.

Y luego todavía se ofenden cuando el pueblo dice que los políticos ya no representan a nadie. Pues claro que no representan al ciudadano, representan inversiones, contratos, desarrolladoras, navieras y grupos de poder.

El ciudadano solamente aparece cada tres años… para tomarse la foto sosteniendo una playerita de campaña y creyendo que todavía vive en democracia.


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