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El Gato Maya 

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Hay eventos que parecen convivios y terminan pareciendo destapes y eso fue precisamente lo que ocurrió en Isla Mujeres, donde la presidenta municipal, Atenea Gómez Ricalde, reunió a periodistas en una celebración generosa, de esas donde no faltó la comida abundante, las cervezas bien frías, los regalos y hasta algunos apoyos en efectivo que hicieron sonreír a más de uno.

Hasta ahí, podría tratarse simplemente de un gesto de cortesía política con motivo del día de la libertad de expresión, nada nuevo bajo el sol caribeño; lo interesante vino cuando entre brindis, aplausos y expresiones de afecto comenzó a escucharse un grito que retumbó más allá del restaurante: “¡Gobernadora!”

Sí, leyó usted bien. No “presidenta”, no “alcaldesa”, no “Atenea”. ¡Gobernadora!.

Y como suele ocurrir en la política tropical, nadie se apresuró a corregir el entusiasmo, porque los gritos espontáneos tienen una curiosa costumbre: casi nunca son tan espontáneos como parecen.

La escena dejó más preguntas que respuestas. ¿Fue una ocurrencia aislada de algún asistente particularmente emocionado? ¿O fue una estrategia de cómo algunos sectores comienzan a figurar rumbo al futuro político del estado?

Lo cierto es que mientras otros actores políticos batallan para llenar una sala o generar conversación pública, Atenea Gómez sigue acumulando reflectores y sus simpatizantes parecen decididos a colocarla varios escalones arriba de donde hoy se encuentra.

Sin embargo, la política tiene memoria. Y también tiene calendario, y falta mucho para la sucesión estatal mientras los quintanarroenses enfrentan problemas mucho más urgentes que las especulaciones adelantadas: seguridad, servicios públicos, movilidad, crecimiento urbano y calidad de vida.

Convertir cualquier reunión social en una pasarela de aspiraciones puede resultar atractivo para los operadores políticos, pero no necesariamente para una ciudadanía cada vez más exigente.

Porque una cosa es que alguien grite “¡Gobernadora!” entre aplausos y vasos levantados, y otra muy distinta es que la sociedad lo haga en las urnas.

Por lo pronto, en Isla Mujeres quedó claro que hubo comida, cerveza, regalos y mucho entusiasmo. Quizá demasiado entusiasmo.

Y cuando los elogios empiezan a sonar más fuerte que la rendición de cuentas, este viejo gato maya no puede evitar preguntarse si estamos presenciando un convivio de agradecimiento por el día de la libertad de expresión… o el ensayo general de una campaña que todavía no comienza.

Así las cosas, desde los tejados de la política isleña, donde los brindis políticos suelen revelar más ambiciones que los comunicados oficiales. 


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