Jorge Portilla da el primer golpe político… y adelanta la disputa por Tulum 2027
El Gato Maya ![]()
En política no existen las casualidades, existen los tiempos y Jorge Portilla Mánica parece haber entendido que quien espera el arranque oficial de las campañas suele llegar tarde a la verdadera competencia.
Cuando lo entrevisté a finales de febrero, justo después de que una fotografía junto a Rafael Marín desatara un pequeño terremoto político en Quintana Roo, el mensaje era evidente, aunque nadie quisiera decirlo en voz alta: Portilla ya estaba construyendo su ruta hacia la presidencia municipal de Tulum en 2027.
Aquel encuentro con quien hoy es uno de los más posicionados para encabezar la defensa del segundo piso de la cuarta transformación en Quintana Roo y consejero nacional de Morena, no fue una simple reunión entre amigos; fue una fotografía cargada de simbolismo y en política las fotografías pesan más que los comunicados.
Desde ese entonces Jorge Portilla dejó claro que su apuesta y objetivo siempre fue Tulum. Aseguró tener estructura, posicionamiento y los números para ganar por lo que más que una declaración de intención, parecía una precampaña cuidadosamente diseñada, con la posibilidad de convertirse en un candidato externo impulsado por un sector importante del morenismo.
Hoy, 4 meses después, su renuncia oficial a Movimiento Ciudadano confirma lo que aquella entrevista ya anticipaba: el vehículo estaba cambiando de carril.
Durante aquella conversación también sostuvo que la elección pasada no la perdió por falta de respaldo ciudadano, sino por “mano negra” y es que detrás de esa frase existe un episodio que pocos conocen: en plena campaña, su familia fue víctima de amenazas y actos de intimidación que, según su entorno, buscaron frenar su avance político, una historia que nunca ocupó los grandes titulares, pero que forma parte del contexto de aquella contienda.
Portilla también presumió mantener una relación cordial prácticamente con todos los actores del tablero político: la gobernadora, senadores, diputados, presidentes municipales, dirigentes nacionales e incluso personajes de partidos enfrentados entre sí. Su argumento fue sencillo: la política no debe romper amistades.
Traducido al lenguaje del poder, el mensaje era todavía más claro.
A Morena le decía: no soy un adversario.
A Movimiento Ciudadano: aquí sigo… mientras convenga.
Y al resto de las fuerzas políticas: si hay que construir acuerdos, aquí estoy.
Esta habilidad puede interpretarse como madurez política o como la capacidad de mantenerse siempre cerca del grupo que tenga mayores posibilidades de ganar. Cada lector sacará sus conclusiones…
También dejó una señal que hoy adquiere mayor relevancia, pues sin mencionar directamente al actual presidente municipal, Diego Castañón, cuestionó la idea de imponer candidatos sin arraigo local: defendió que Tulum necesita gobernantes nacidos políticamente en el municipio y no perfiles fabricados desde los escritorios de la Ciudad de México.
Era una advertencia dirigida al corazón del oficialismo, porque si algo ha caracterizado a la política quintanarroense en los últimos años es que muchas candidaturas se deciden lejos de las calles donde después se piden los votos.
Pero quizá la frase que mejor resume su visión fue aquella donde aseguró que los partidos son solamente un vehículo; una confesión que explica buena parte de la política mexicana contemporánea en donde las siglas dejaron de representar ideologías y hoy funcionan como plataformas temporales.
Lo importante ya no es el partido; lo importante es quién controla la llave de las candidaturas… por esto la renuncia de Jorge Portilla a Movimiento Ciudadano no representa el final de una etapa, sino el inicio formal de otra.
La carrera por Tulum ya comenzó y mientras algunos siguen apostando a que las candidaturas se definirán en un escritorio de la capital, Jorge Portilla decidió jugar la partida donde realmente se ganan las elecciones: en el territorio, construyendo relaciones y enviando señales de que está listo para competir.
Porque en Quintana Roo el calendario electoral rara vez marca el inicio de las campañas; éstas comienzan cuando un proyecto político logra convertirse en una opción que las cúpulas ya no pueden ignorar y si alguien pensaba que la renuncia de Portilla era un punto final, quizá deba volver a leer el tablero: todo indica que apenas fue el primer movimiento de una estrategia cuyo verdadero destino es el Palacio Municipal de Tulum.

