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El Gato Maya 🐾

En política hay quienes aparecen cuando se encienden las luces del escenario electoral y hay quienes llevan años caminando antes de que llegue la temporada de aplausos como el caso de Marybel Villegas en Quintana Roo, rumbo al 2027.

Marybel Villegas ya tiene un lugar en la historia política de Quintana Roo. Se puede discrepar de ella, criticarla o respaldarla, pero ignorar su trayectoria es un ejercicio de ficción, no de análisis.

Porque en la política —como en la vida— la memoria suele ser selectiva. Hay quienes recuerdan convenientemente sólo lo que les conviene y olvidan que Morena no se construyó de la noche a la mañana, ni nació cuando comenzaron a repartirse las etiquetas de candidatos.

La gira de Claudia Sheinbaum por Quintana Roo vuelve a poner a Marybel en la conversación; su mensaje de respaldo a la presidenta no es solamente un acto protocolario; es también la fotografía de una militante que sigue ocupando espacio político mientras otros hacen fila esperando la señal, la encuesta o el famoso “dedazo disfrazado de consenso”.

Y aunque algunos intenten minimizarlo desde la comodidad de una oficina o desde las páginas pagadas de la propaganda, hay una realidad incómoda: Marybel Villegas tiene trabajo político que la respalda, conoce el territorio y el territorio la conoce; no necesita que le expliquen dónde están las colonias, cuáles son las demandas de la gente o cómo se mueve la estructura social de Quintana Roo.

Ese tipo de capital político no se compra con campañas de imagen ni aparece por generación espontánea en una fotografía junto a un funcionario de moda y precisamente ahí está el problema para sus detractores: Marybel no es una figura improvisada. Tiene historia, tiene seguidores, tiene una base política y tiene una presencia que no depende de una coyuntura.

Por eso, dicen sus aliados, no sorprende que sea una de las figuras más atacadas mediáticamente. En política, cuando alguien no representa riesgo, nadie pierde tiempo en golpearlo. Las campañas negras normalmente no se gastan contra quien no figura en la competencia; se utilizan contra quien puede mover el tablero.

La paradoja es que algunos dentro del propio movimiento parecen tener una memoria corta. Se llenan la boca hablando de unidad, pero olvidan que la unidad también implica reconocer a quienes caminaron cuando Morena todavía no era gobierno y cuando muchos de los actuales protagonistas ni siquiera habían llegado a la fila.

Marybel ha jugado la carta de la disciplina: No rompió cuando las decisiones no le favorecieron, no abandonó el barco cuando soplaron vientos complicados y mantuvo su pertenencia al proyecto; en un partido donde la lealtad suele convertirse en discurso de campaña, habrá que ver si también se convierte en criterio de reconocimiento.

La visita presidencial, con una agenda que incluye los grandes retos de Quintana Roo —Tulum, el sargazo, vivienda, desarrollo turístico y el Tren Maya de carga— también deja una lectura política: la siguiente etapa del estado necesitará operadores con territorio, no solamente nombres nuevos construidos en escritorios.

El 2027 pondrá a prueba la memoria de Morena. Veremos si pesa más la disciplina y el trabajo político o las simpatías del momento y mientras algunos se apresuran a repartir candidaturas como si la decisión ya estuviera tomada, hay un nombre que, pese a los intentos por borrarlo de la conversación, simplemente se niega a desaparecer: Marybel Villegas.

Los ataques sistemáticos en su contra, lejos de enterrarla políticamente, parecen confirmar que sigue siendo una pieza que incomoda. Nadie sensato debería descartarla, porque en las grandes sucesiones, el caballo negro casi nunca avisa que viene galopando… hasta que cruza primero la meta.


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