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El Gato Maya 🐾

La decisión judicial de permitir que el líder taxista de Cancún, Salomón Alfonso Muñoz “Mafer”, continúe su proceso desde su domicilio por motivos de salud provocó, como era de esperarse, un vendaval de comentarios. Hubo quienes celebraron la medida, otros la cuestionaron y no faltaron los expertos instantáneos que, sin haber leído una sola línea del expediente, ya dictaban sentencia desde el teclado de un teléfono.

Pero en medio del ruido, las especulaciones y los posicionamientos apresurados, hubo una ausencia que no pasó inadvertida: la del diputado local y dirigente del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”, Rubén Carrillo Buenfil y no porque su voz carezca de peso, sino todo lo contrario; su condición de líder de uno de los gremios más influyentes de Quintana Roo convierte cualquier declaración en un hecho político.

Quizá por eso Rubén Carrillo optó por hacer lo que en la política moderna parece un acto de rebeldía: no alimentar el espectáculo y por eso no salió a repartir absoluciones anticipadas y tampoco a exigir condenas ejemplares, menos buscó reflectores ni convirtió un asunto judicial en una plataforma política.

Porque en estos tiempos donde el protagonismo suele medirse por el número de declaraciones, Carrillo eligió el silencio institucional. No invadió el terreno de los jueces ni buscó capitalizar un caso que permanece bajo análisis; y esa postura también comunica porque una cosa es la solidaridad entre compañeros de gremio y otra, muy distinta, es intentar presionar o contaminar, desde la tribuna pública, un procedimiento judicial que todavía no concluye.

Mientras tanto, cualquier intento de convertir el caso en bandera política corre el riesgo de terminar contaminando un proceso que debe resolverse con pruebas y no con aplausos o abucheos.

Porque mientras unos buscan sacar ventaja política de cada episodio y otros apresuran campañas anticipadas disfrazadas de solidaridad o de justicia, hay quienes entienden que los procesos judiciales no se ganan en los micrófonos ni las elecciones en los tribunales.

Y es que en el Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”, donde el ambiente preelectoral comienza a sentirse en los pasillos mucho antes de que se emita una convocatoria, cada declaración, cada silencio y cada movimiento empieza a leerse en clave sucesoria. Así ha sido siempre y difícilmente será distinto esta vez.

Al final, el expediente de “Mafer” seguirá su ruta en los juzgados. La otra contienda —la política— apenas empieza a calentar motores y en esa carrera, más de uno intentará convertir cualquier circunstancia en bandera electoral. La diferencia estará entre quienes apuesten por la prudencia institucional y quienes prefieran hacer campaña desde la coyuntura.

Pero en política, el tiempo suele poner a cada quien en su lugar… y los taxistas, que conocen mejor que nadie el pulso de su sindicato, también saben distinguir cuándo alguien conduce con responsabilidad y cuándo simplemente acelera porque ya escuchó el banderazo de salida.


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