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El Gato Maya🐾

En Cancún hay proyectos inmobiliarios que tienen más vidas que un gato… y Península Cancún parece decidido a gastar hasta la última.

Otra vez aparece en escena el proyecto de Pok Ta Pok, ahora con la nada modesta propuesta de mil 368 viviendas y 850 cuartos de hotel.

¿Y qué dice el gobierno municipal?
Que no hay nada autorizado.
¡Uf! ¡Qué tranquilidad!
Porque mientras no haya una firma, aparentemente tampoco hay problema… y si mañana hay firma, pues seguramente habrá otra reunión para explicar que todo está perfectamente estudiado.

Y si después vienen los problemas de tráfico, agua, drenaje y servicios… bueno, para eso siempre queda el recurso de decir que “se revisará el tema”.

Así se gobierna la ciudad del futuro: primero se construye, después se pregunta; el detalle es que Cancún ya no es aquella ciudad joven donde había terreno para todos lados; hoy la ciudad está saturada, las vialidades están reventadas y la infraestructura carga cada vez con más presión.

Y es que parece que alguien olvidó avisarle al mercado inmobiliario, porque aquí la fórmula es sencilla: ¿hay un terreno? Construya; ¿Ya hay edificios? Construya otro; ¿La zona está saturada? Pues… construya más alto.

¿Y el agua?. ¡Ah, caray!, eso ya es asunto de otro departamento.
¿El drenaje?, luego vemos;
¿La movilidad?, que los vecinos se organicen y ¿la infraestructura?, pues para eso están los estudios y si los estudios dicen que no hay capacidad… seguramente habrá que hacer otros estudios.

Lo verdaderamente preocupante es que el gobierno municipal parece haber asumido el papel de “facilitador”, una palabra políticamente muy cómoda porque permite estar presente sin necesariamente cargar con la responsabilidad.

Facilitar es fácil, gobernar es lo complicado; porque un gobierno responsable no debería esperar a que un proyecto inmobiliario llegue a la puerta para preguntarse si la ciudad puede soportarlo. ¡Debería saberlo antes!… debería tener un modelo de ciudad, saber cuántas viviendas puede absorber Cancún, cuánta densidad puede soportar cada zona y qué infraestructura se necesita antes de seguir autorizando —o permitiendo que se impulsen— nuevos desarrollos.

Pero aquí parece que el único límite es el que marque el último metro cuadrado disponible y mientras tanto, la alcaldesa con licencia, Ana Patricia Peralta de la Peña, parece tener la mirada puesta en un horizonte bastante más lejano: 2027.
¡Qué coincidencia!

Justo cuando Cancún necesita una discusión seria sobre el futuro urbano, la política empieza a calentarse y los nombres comienzan a moverse.

Pero este viejo Gato Maya aún tiene memoria y si bien los políticos pasan, los cargos cambian, las campañas terminan, pero los edificios, en cambio, se quedan…Y también se quedan los problemas que generan cuando se construye más allá de la capacidad de una ciudad.

Por eso la pregunta no es si Península Cancún ya está autorizado, sino
¿Qué está haciendo el gobierno municipal para evitar que Cancún siga avanzando hacia una sobredensificación que termine por hacer inhabitable la ciudad?

Porque si cada administración deja su propia colección de torres, condominios y hoteles, algún día alguien tendrá que explicar quién pensó en las calles, el agua, el drenaje y la calidad de vida.

Y aquí está el chiste: Mientras los desarrolladores cuentan departamentos y habitaciones, los ciudadanos cuentan los minutos que pierden en el tráfico; mientras unos cuentan metros cuadrados, otros cuentan las veces que se va el agua y mientras unos hacen cuentas de inversión, otros hacen cuentas para ver cuánto les cuesta vivir en una ciudad cada vez más saturada.

¡Pero eso sí!
El Ayuntamiento está “facilitando”.
¡Qué alivio!
Tal vez también podrían facilitarle a Cancún un poco de planeación o de perdida, un límite; porque el verdadero problema no es Península Cancún, sino el modelo de ciudad que se está construyendo.

Una ciudad donde parece que todo terreno vacío es una oportunidad inmobiliaria y toda restricción es un obstáculo que tarde o temprano alguien intentará negociar.

Y ahí está la responsabilidad política de Ana Patricia Peralta porque si quiere otro hueso rumbo al 2027, tendrá que explicar primero qué hizo con el que ya tiene.

Porque gobernar Cancún no consiste en dejar una ciudad con más edificios, sino en una ciudad que todavía pueda funcionar.


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