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El Gato Maya 🐾

En Cancún ya comenzó oficialmente la temporada de casting rumbo al 2027 pero no se equivoquen: todavía faltan meses para que arranquen las campañas, aunque algunos ya están ensayando frente al espejo y entre los más entusiastas aparece el secretario general del Ayuntamiento de Benito Juárez, Pablo Gutiérrez Fernández, decidido a demostrar que la política moderna ya no se hace gobernando… sino editando videos para redes sociales.

Porque una cosa es servir y otra muy distinta servirse del dolor ajeno.

Y es que el funcionario, heredero del viejo ADN verde que ahora presume orgullosamente camiseta guinda, decidió salir a repartir ayuda a personas en situación de calle y con problemas de adicciones. Hasta ahí podría parecer un acto humano… si no fuera porque la solidaridad llegó acompañada de cámaras, celulares, tomas cerradas y la inevitable producción digna de influencer en campaña.

La pobreza dejó de ser un problema social para convertirse en escenografía.

Y qué conveniente resulta descubrir la vocación altruista justo cuando empieza a oler a sucesión municipal. Qué curioso que la empatía aparezca únicamente cuando también aparece el community manager.

Mientras Cancún se hunde entre baches, basura, inseguridad, alumbrado deficiente y servicios públicos rebasados, el segundo hombre más importante del Ayuntamiento parece haber encontrado una prioridad superior: construir su marca personal.

Porque resolver problemas no genera tantos “likes” como abrazar a una persona vulnerable frente a una cámara.

Lo verdaderamente indignante no es que un funcionario ayude. ¡Ojalá todos lo hicieran!. Lo ofensivo es utilizar la desesperación, la indigencia y las adicciones como utilería electoral; convirtiendo el sufrimiento humano en contenido para redes sociales que a su vez refleja una pobreza mucho más grave que la económica: la pobreza ética.

¿Dónde quedaron las instituciones? ¿Dónde está el DIF? ¿Las áreas de Desarrollo Social? ¿Los programas permanentes financiados con dinero público? ¿O ahora resulta que la política social depende del algoritmo de TikTok?

Y es que si el Ayuntamiento funcionara con la misma velocidad con la que producen videos de autoelogio, Cancún sería ejemplo nacional.

Pero no…

Lo que sí vemos es un gobierno donde algunos funcionarios parecen más preocupados por el encuadre de la cámara que por el fondo de los problemas. Donde el presupuesto alcanza para propaganda disfrazada de solidaridad, pero no para ofrecer soluciones estructurales a quienes viven en el abandono.

Así lo ve este incómodo gato maya: La caridad, cuando necesita iluminación, edición y música emotiva para existir, deja de ser caridad y se convierte en publicidad.

Y eso tiene nombre… se llama ¡oportunismo!.

Porque la verdadera ayuda no presume, no posa y mucho menos monetiza políticamente el dolor de otros.

Así que un consejo, secretario: menos TikTok, menos videos con filtro de sensibilidad y menos campañas anticipadas disfrazadas de buenas acciones.

Cancún no necesita influencers con cargo público, sino servidores públicos que trabajen… incluso cuando no hay una cámara apuntándoles.

Porque gobernar no es crear contenido, sino resolver problemas y eso, hasta ahora, sigue siendo la toma que nadie ha visto.


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