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El Gato Maya

En política, las fotos también hablan. Y cuando aparecen justo antes de una convocatoria electoral, hablan todavía más. Por eso, la postal del cumpleaños de Rosy Zapata en el Salón Oaxaca bien podría ser mucho más que una celebración: puede ser el primer retrato de la operación unidad rumbo a la renovación del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo” para el periodo 2027-2030.

Ahí estaban, desde muy temprano, Rosy Zapata, Manuel Canto, Justino Kahuil, Álvaro Rosado y David Castro Amábilis, acompañados por una invitada que no pasó precisamente desapercibida: Atenea Gómez Ricalde, presidenta municipal de Isla Mujeres.

¿Casualidad? Puede ser.
¿Señal política? También.

Porque el encuentro ocurre precisamente cuando desde el Gobierno del Estado se ha planteado la necesidad de mantener la unidad entre quienes aspiran a dirigir uno de los sindicatos más poderosos y políticamente influyentes de Quintana Roo.

Hace apenas unos días que la secretaria de Gobierno, Cristina Torres, puso sobre la mesa la palabra clave: unidad.
Y ahora parece que algunos de los suspirantes están descubriendo que, antes de sacar las uñas, quizá mejor conviene sentarse a la misma mesa.

Y es que la mentada unidad no es un tema cualquiera, porque el Sindicato de Taxistas Andrés Quintana Roo enfrenta un escenario completamente distinto al de otros tiempos: plataformas digitales, nuevas exigencias de movilidad, usuarios cada vez más críticos y una sociedad que ya no está dispuesta a aceptar aquello de “así se ha hecho siempre”.

Por eso, si la unidad realmente se construye alrededor del bienestar de los taxistas y no alrededor del reparto de posiciones, bienvenida sea.

Pero aquí viene el pequeño detalle que este viejo gato no piensa dejar pasar: unidad no significa subordinación.
La autonomía sindical debe defenderse con firmeza, dignidad y responsabilidad.
Una cosa es mantener una relación institucional y saludable con el poder público, y otra muy distinta convertir al sindicato en una extensión de intereses políticos.

El sindicato necesita una relación institucional con el Gobierno, sí. Pero institucional no significa subordinada.
El verdadero reto es encontrar el equilibrio.

Porque al final, el taxista debe estar por encima de cualquier aspiración personal, grupo, corriente o padrinazgo. El trabajador del volante necesita condiciones para ganarse dignamente el sustento de su familia; el usuario necesita un servicio seguro, moderno y confiable; y las autoridades necesitan interlocutores serios con quienes construir soluciones, no conflictos permanentes.

Y mientras algunos empiezan a medir fuerzas, acomodar piezas y calcular quién puede sumar más votos, el calendario ya empieza a rugir: la segunda semana de septiembre marcará el arranque formal de la carrera por la dirigencia.

Será entonces cuando los aspirantes tendrán que dejar de sonreír para la fotografía y comenzar a mostrar las verdaderas garras.

Pero todavía falta lo más importante: que hablen los taxistas, porque en esta elección habrá que descubrir quién quiere ser líder de los taxistas… y quién simplemente quiere ser líder del sindicato.
Y créame, querido lector: no es lo mismo.

Este viejo Gato Maya seguirá mirando desde la azotea; porque cuando empiezan a aparecer tantas fotos juntas justo antes de una elección, hasta los gatos desconfiamos de las casualidades.

La elección apenas está por comenzar…
Y este gato ya está sentado en primera fila.


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