Quintana Roo: Si el Verde se queda con Morena, los morenistas se van en PAZ
El Gato Maya
En los corrillos políticos de la Ciudad de México comenzó a circular una versión que, de confirmarse, podría provocar más carreras que una repartición de candidaturas: si los intereses de Jorge Emilio González terminan imponiéndose sobre la línea política de Claudia Sheinbaum en Quintana Roo, la desbandada de morenistas se refugiarían en PAZ, rumbo a 2027.
Y es que fue durante el Primer Congreso Nacional de PAZ, celebrado el pasado 22 de agosto en el Fiesta Americana Reforma, cuando la versión comenzó a correr de boca en boca.
Por ahora, desde luego, es una versión de pasillo aunque para algunos es ya un secreto a voces; como sea, tampoco conviene despacharla con un simple “no pasa nada”, porque en política los rumores no siempre son chismes: a veces son maullidos que se adelantan a la boleta y cuando varios gatos maúllan al mismo tiempo, más vale revisar qué se está cocinando en la azotea.
Porque una alianza política es una cosa; pero dejar que el aliado llegue, se acomode en la sala, se adueñe del sofá y encima pida las llaves… eso ya es otra historia.
Y ahí está el detalle: si las candidaturas y posiciones políticas terminan oliendo más a Niño Verde que a estrategia de Claudia Sheinbaum, Morena podría descubrir una paradoja de esas que hacen sacar las uñas: tener el gobierno… pero que otro esté repartiendo los lugares..
El asunto adquiere todavía más sabor cuando se observa quiénes habitan actualmente la casa guinda; porque entre sus filas hay personajes que hace no mucho tiempo militaban en el Verde y que, justo cuando Morena comenzó a convertirse en la ruta más transitada hacia el poder, descubrieron una repentina y conmovedora vocación por la transformación.
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Nada nuevo bajo el sol quintanarroense: hay políticos cuya ideología tiene una extraordinaria capacidad de adaptación al calendario electoral; no necesariamente cambian de principios; simplemente descubren nuevos principios cada vez que cambian las posibilidades de candidatura.
Hoy son guindas de corazón, ayer fueron verdes de convicción y mañana, si el viento electoral vuelve a soplar en otra dirección, seguramente explicarán que siempre estuvieron ahí.
Aunque el asunto que se plantea en esta columna se refiere más a los morenistas de trayectoria, los que llegaron cuando todavía había que caminar territorio, convencer ciudadanos y construir estructura sin saber siquiera si algún día habría suficientes candidaturas para repartir.
Ahí es donde PAZ podría resultar bastante interesante, no porque necesariamente vaya a llevarse a medio Morena de un jalón, sino porque incluso podría convertirse en una alternativa para quienes comiencen a sentirse desplazados en otros partidos y en política, una alternativa es peligrosa cuando aparece justo después de una decepción.
Las desbandadas, además, no suelen comenzar con una renuncia pública; primero llegan las llamadas discretas, después las reuniones “entre amigos”, luego aparecen los “análisis políticos” y finalmente surge la frase que este gato considera patrimonio nacional:
“Estamos valorando opciones.”
El Gato Maya traduce: “Todavía no me voy, pero ya pregunté cuánto mide la otra camiseta”.
Después… llega la fotografía con los nuevos aliados, el abrazo correspondiente y la explicación de rigor: que no hubo interés personal, que todo obedece a una profunda reflexión y que, por supuesto, el pueblo sigue siendo lo primero.
¡Faltaba más!
Y es que el pueblo siempre aparece cuando ya está tomada la decisión y sería particularmente sabroso que Morena terminara conservando a buena parte de los funcionarios que llegaron desde el Verde mientras el grueso de sus cuadros más identificados con el movimiento comenzaran a tocar la puerta de PAZ.
Por eso el asunto no se reduce a quién tendrá una candidatura en 2027. El verdadero pleito es por algo bastante más importante: quién tendrá la capacidad de decidir dentro de Morena Quintana Roo y hasta dónde llegará la influencia del Verde.
Y si la militancia termina percibiendo que los intereses del Verde pesan más que la estrategia política de Claudia Sheinbaum, PAZ no necesitaría montar una operación de pesca, le bastaría con sentarse en la orilla.
¿Y por qué PAZ?, ahí está lo interesante: quizá los auténticos morenistas no estarían buscando cambiar de partido, sino simplemente regresar al lado político que sienten que les resulta más cercano.
Pero eso, por supuesto, este gato no lo afirma… sólo escucha los maullidos.

