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El impuesto que nació para promover México ahora amenaza con vaciar sus playas

REPORTE MAYA
Ángel Ek´Balam

CANCÚN | En una sala de conferencias de Cancún, bajo las luces fluorescentes que no logran disipar del todo el calor de finales de septiembre, se reunieron los rostros más influyentes del turismo en el Caribe mexicano. David Ortiz Mena, presidente del Consejo Hotelero del Caribe Mexicano y de la Asociación de Hoteles de Tulum, tomó el micrófono primero. A su lado estaban Rodrigo de la Peña, de Cancún, Isla Mujeres y Puerto Morelos; Toni Cháves, de la Riviera Maya; Miriam Cortés Franco, de los clubes vacacionales; Sergio González Rubiera, de las agencias de turismo receptivo, y representantes de Coparmex, el Consejo Coordinador Empresarial, Amexme, Canirac y Amatur. El mensaje fue unánime y urgente: el Paquete Económico 2027 del gobierno federal, que propone un incremento del 36 por ciento al Derecho de No Residente —el DNR—, constituye un sinsentido que amenaza con profundizar una crisis de competitividad que ya se siente en los aeropuertos, en los pasillos de los hoteles y, más abajo, en las calles donde los taxistas esperan y los vendedores ambulantes despliegan sus mercancía.

El DNR es el cobro federal que todo visitante extranjero paga al ingresar a México, usualmente embebido en el precio del boleto de avión. En 2025 se situaba en 861 pesos. En 2026 subió a 983. La propuesta para 2027 lo llevaría a mil 334.80 pesos. Sumado al ajuste anterior, el aumento acumulado alcanza cerca del 55 por ciento en apenas dos años. Además, el mismo paquete contempla un alza del 10 por ciento en las tarifas por uso de espacio aéreo. Ambos gravámenes se trasladan directamente al costo de los boletos. La medida nace de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público como parte del proyecto de presupuesto que el Ejecutivo envía al Congreso de la Unión. Aún no está aprobada; debe pasar por el escrutinio de diputados y senadores. Pero para el sector privado de Quintana Roo, el tiempo corre.

Ortiz Mena lo planteó con cifras que ya duelen. En otoño, los vuelos hacia el estado han disminuido un 11 por ciento. El verano pasado, las tarifas aéreas subieron hasta un 33 por ciento. “Cada vez hay menos capacidad aérea y tarifas más altas”, dijo. Las aerolíneas, subrayó, son quienes deciden dónde colocar sus aviones. En un momento de escasez de rutas, México debería volverse más atractivo para ellas, no menos. Encarecer aún más el destino puede producir el efecto inverso: menos visitantes, menos impuestos recaudados y un golpe social que se extiende mucho más allá de las grandes cadenas hoteleras.

Los números de Toni Cháves, de la Riviera Maya, refuerzan el diagnóstico. Entre enero y agosto de este año, los vuelos cayeron 4.6 por ciento y los pasajeros internacionales al Caribe mexicano, 6.1 por ciento. Las proyecciones para enero-abril de 2027 anticipan 5.3 por ciento menos vuelos, el equivalente a medio millón de pasajeros que no llegarán. El mercado estadounidense, el más importante, se contrajo 10.2 por ciento hacia Quintana Roo, mientras que hacia Europa creció 1.1 por ciento. “No han dejado de viajar”, afirmó Cháves. “Han cambiado de destino”. Otros países del Caribe, enfrentados al mismo sargazo, siguen creciendo. Los Cabos, sin sargazo, también registra menos vuelos. El problema, coinciden, es de competitividad.Miriam Cortés Franco tradujo los porcentajes a la realidad cotidiana de los hoteles. La caída del turismo estadounidense representa 707 mil cuartos-noche menos; el turismo nacional, 391 mil. En conjunto, es como si todos los hoteles de Quintana Roo permanecieran vacíos durante 7.1 días. La pérdida económica estimada asciende a 6 mil 375 millones de pesos. El propio gobierno federal dejaría de recaudar 289 millones de pesos solo por concepto de DNR. “Todos perdemos”, sentenció, “y no es momento de subir el DNR”.

El impacto no se detiene en las recepciones de los hoteles. Se derrama en cascada. Las rentas vacacionales y las propiedades listadas en Airbnb —que ya enfrentan el impuesto local conocido como VisiTax y el Impuesto sobre Hospedaje— sienten de inmediato la menor afluencia. Menos noches reservadas significan menos ingresos para propietarios individuales, muchos de ellos familias de clase media que dependen de esa renta para cubrir hipoteca o manutención. Los operadores de tiempo compartido y clubes vacacionales, representados por Cortés Franco, reportan la misma contracción.

Más abajo en la cadena, los taxistas de Cancún, Playa del Carmen y Tulum ven cómo disminuyen los traslados del aeropuerto a los hoteles y de los hoteles a los centros comerciales o a las playas. Menos pasajeros internacionales se traduce en menos carreras, menos propinas y jornadas más largas para alcanzar el mismo ingreso. Los vendedores ambulantes —los que ofrecen artesanías, sombreros, agua de coco o collares en la Quinta Avenida de Playa o en la zona hotelera de Cancún— dependen del flujo constante de turistas que caminan. Cuando ese flujo se reduce, las ventas caen de forma casi inmediata. Muchos de ellos son migrantes internos o trabajadores de la economía informal cuya supervivencia diaria está atada a la llegada de visitantes.

Las comunidades indígenas, particularmente las mayas de la zona continental y de las periferias de los destinos turísticos, también sienten el golpe. Muchas familias participan en la cadena de suministro: elaboran artesanías, trabajan en la construcción y mantenimiento de hoteles, o se emplean en restaurantes y servicios. Una contracción del turismo reduce la demanda de mano de obra y de productos locales. El sargazo, que ya afecta la imagen de las playas y genera costos de limpieza, se combina con las acusaciones de un destino cada vez más caro. Ortiz Mena lo dijo con claridad: la promoción turística no es solo publicidad; incluye inteligencia de mercados, posicionamiento y manejo de crisis. Esos esfuerzos, recordó, fueron abandonados hace siete años, cuando se eliminó el Consejo de Promoción Turística de México.

El DNR nació precisamente para que los visitantes costearan esa promoción. Hoy, en la propuesta de alza, no hay recursos contemplados para ese rubro. “Necesitamos proyectar una imagen positiva”, advirtió, “pero ante su ausencia se impone una narrativa negativa, como ocurre con el sargazo”.

Sergio González Rubiera, de Amatur, fue el más contundente en el diagnóstico de fondo. “Es como ver una película de Fellini”, declaró. Mientras otros destinos del Caribe ofrecen incentivos —devolución parcial del ISR a quienes abren o renuevan hoteles, eliminación de impuestos para convenciones—, México suma obstáculos: más inspectores, dificultades en las carreteras y ahora un nuevo incremento al DNR. “En lugar de incentivar al turismo, quieren aumentar el DNR”, lamentó. “Si llegan más turistas, gana más el gobierno. Aquí nos empeñamos en que no vengan”.


Rodrigo de la Peña confirmó que la postura está alineada con las asociaciones hoteleras a nivel nacional. Preparan un escrito formal, solicitan una mesa de trabajo con la Secretaría de Hacienda y planean otra rueda de prensa en la Ciudad de México para presionar a los legisladores. Aún no hablan de acciones legales, pero no las descartan si el diálogo no prosperа. El paquete debe pasar por el Congreso; todavía hay margen.

Quintana Roo no es un destino cualquiera. Genera una parte sustancial de las divisas turísticas del país y sostiene cientos de miles de empleos directos e indirectos. Una caída sostenida en la llegada de visitantes no solo reduce la ocupación hotelera y los ingresos de las grandes empresas. Separa a los taxistas de sus carreras, a los ambulantes de sus ventas diarias, a las familias que rentan por Airbnb de su ingreso complementario, a las comunidades indígenas de oportunidades laborales y a las playas de la inversión necesaria para combatir el sargazo y mantener su atractivo. El DNR, concebido originalmente como una herramienta de promoción, se ha convertido, en la visión de quienes viven del turismo, en un impuesto que amenaza con ahuyentar precisamente a quienes lo pagan.

El mensaje quedó claro de los empresarios quedó claro: incrementar el costo de llegar a México en un momento de escasez de vuelos y tarifas ya elevadas no es una medida de fortaleza fiscal. Es, argumentan, una decisión que puede terminar cobrando un precio mucho más alto en empleos, en derrama económica y en la imagen misma del Caribe mexicano. El Congreso de la Unión tiene ahora la palabra.

EL DATO

Quintana Roo (principalmente el sector hotelero, empresarial y turístico) se opone al aumento del DNR (Derecho de No Residente) porque lo considera un golpe a la competitividad del destino, especialmente en un momento de baja ocupación.

¿Qué es el DNR y de cuánto es el aumento?
El Derecho de No Residente (DNR) es un cobro federal que pagan los turistas extranjeros al ingresar a México (generalmente incluido en el boleto de avión).

  • En 2025: 861 pesos.
  • En 2026: 983 pesos (aumento de ~14%).
  • Propuesta para 2027 (Paquete Económico 2027): 1,334.80 pesos (aumento de 35.8% respecto a 2026).

Esto representa un aumento acumulado cercano al 55% en solo dos años. Para una familia de cuatro personas, el cobro pasaría de unos 3,932 a más de 5,339 pesos.

Principales razones de la oposición en Quintana Roo
El rechazo viene de asociaciones como AMATUR, Coparmex QR, el Consejo Hotelero del Caribe Mexicano, la Asociación de Hoteles de Cancún/Riviera Maya y el Consejo Coordinador Empresarial del Caribe.

Sus argumentos principales son:

  1. Pérdida de competitividad internacional
    Encarece el viaje a México frente a destinos del Caribe como República Dominicana o Jamaica, que no tienen cargas similares tan altas. Los turistas comparan costos totales (boleto + impuestos + derechos) y pueden elegir otros lugares.
  2. Momento económico delicado
    La ocupación hotelera ha bajado (ejemplo: 45.8% en septiembre 2026 frente a 56.1% en 2025). También hay reducción de vuelos y rutas aéreas. Subir costos ahora, cuando el sector ya enfrenta presiones, se ve como contraproducente.
  3. Impacto en toda la cadena turística y el empleo
    No afecta solo a hoteles: impacta restaurantes, transportistas, agencias, guías, comercios, proveedores y miles de empleos directos e indirectos. Quintana Roo depende fuertemente del turismo internacional.
  4. Destino de los recursos
    Históricamente parte del DNR iba a promoción turística. Ahora se destina en buena medida a dependencias federales (Sedena, Instituto Nacional de Migración, Hacienda), sin un retorno claro y permanente a la promoción de los destinos de Quintana Roo. El sector pide que una parte se destine de forma transparente a promoción.

En resumen, el sector argumenta que no se oponen a la recaudación en sí, sino a subir el costo de llegada sin medir el impacto real en la demanda y sin fortalecer la promoción. Piden una revisión técnica, mesas de trabajo con el Congreso y el gobierno federal, y reconsiderar el aumento antes de aprobarlo.


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