Un niño de 11 años murió en una balacera dentro del penal de Mazatlán mientras visitaba a un familiar
Nueve internos también perdieron la vida y 16 resultaron heridos en una riña que escaló a disparos durante el día de visitas en el Centro Penitenciario El Castillo
MAZATLÁN | REDACCIÓN | Eran las 10 de la mañana del jueves 8 de octubre de 2026. Día de visitas en el Centro Penitenciario El Castillo, a las afueras de Mazatlán. Familias formaban fila bajo el sol ya intenso de octubre. Dentro, un niño de 11 años llamado Edgar Arturo acababa de pasar el control de seguridad. Minutos después se escucharon los primeros disparos.
La Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa confirmó horas más tarde el saldo: nueve internos muertos y un menor de edad que se encontraba de visita. Dieciséis reclusos resultaron heridos y fueron trasladados a hospitales. El centro, según las autoridades, quedó bajo control después de la intervención del Grupo Interinstitucional y elementos de la Guardia Nacional.
Lo que comenzó como una riña entre grupos antagónicos de internos escaló rápidamente a una balacera. Los celadores intervinieron y pidieron refuerzos. Alrededor de las 12:39 horas entraron 25 elementos de la Guardia Nacional. Un helicóptero de la Marina sobrevolaba la zona mientras ambulancias esperaban afuera. El director del penal, Enrique Mora Castillo, salió a pedir calma a los familiares que aún no habían logrado entrar.
El Castillo alberga hoy 2,217 internos. Su capacidad oficial es de 1,800. Sobran más de 400 cuerpos en un espacio que, apenas dos semanas antes, ya había registrado otra riña mortal: el 24 de septiembre, dos reclusos murieron a puñaladas en el área de talleres. Uno de ellos, Cristian Daniel, de 20 años, llevaba apenas 23 días dentro.

La Fiscalía General del Estado abrió ya la investigación. El personal de Trabajo Social contacta a las familias de los muertos. Las visitas quedaron suspendidas hasta nuevo aviso. Fuera del penal, algunos deudos lograron identificar a dos de los adultos fallecidos: Amado, de 40 años, y Víctor Manuel, de 45. Del niño, solo se sabe por ahora lo esencial: tenía 11 años, se llamaba Edgar Arturo y había entrado ese mismo día a ver a alguien que quería.
El resto de la población penitenciaria, según un video difundido por las autoridades, se encuentra bien. Las fuerzas de seguridad mantienen presencia. El comunicado oficial habla de “control” y de “garantizar la seguridad”.
Pero un niño de 11 años no debió morir dentro de una cárcel.
Esa es la única frase que no necesita matiz.
