Renán Sánchez: Hecho en Cozumel o la liturgia del parque, el microchip y el “jalan parejo”
MIGUEL AVENDAÑO MURILLO | Había una vez —y la expresión no es inocente— un sábado de octubre en la isla de Cozumel, ese arrecife que se empeña en seguir siendo isla a pesar de los muelles, los cruceros y las promesas. El parque de San Gervasio, que no es templo maya sino plaza de colonia, se llenó de familias como se llenan las iglesias el día de la Virgen: con sillas de plástico, niños con camisetas del equipo local, abuelas que sostienen bolsas de mandado y ese olor a mar que nunca se va del todo. No había templete. El diputado Renán Sánchez Tajonar lo había dicho con anticipación casi litúrgica: “Este informe no es mío, es de las familias que me abrieron la puerta. Por eso no quiero un templete: quiero una reunión vecinal, y quiero que sea la más grande que se haya hecho en Cozumel”. Y así fue. O al menos así se contó.
El lema —“Hecho en Cozumel”— flotaba como una marca de fábrica de la cercanía. Sánchez Tajonar, cozumeleño de nacimiento, hijo de la isla y de un Partido Verde, habló de su casa, de la Casa de Gestión y Atención Ciudadana abierta desde 2022, esa puerta que, según sus palabras, “no se ha cerrado”. “Ahí llega la mamá con la receta que no le alcanza, el joven por el trámite atorado y el adulto mayor que no sabe a quién acudir, y la instrucción al equipo es siempre la misma desde el primer día: recibir a todos y a todos preguntar cómo están y no dejar ir a nadie sin una respuesta”. La frase, dicho sea de paso, tiene la cadencia de las mejores oraciones laicas: atención, escucha, respuesta. Nada de abstracciones.
Enumeró. Más de 130 mil libretas entregadas desde 2022 para aliviar el agosto escolar, ese mes en que las familias descubren que la educación también se mide en pesos. Más de cuatro mil estudiantes de secundarias públicas tocados por el programa “Prevención a través de la Educación”, en coordinación con la Fiscalía General del Estado. Más de 600 mascotas vacunadas, desparasitadas y microchipeadas en jornadas gratuitas. La primera carrera familiar de Cozumel, con más de mil participantes. Recorridos por más de 40 colonias. Consultas médicas, asesorías legales, gestiones de servicios públicos. Y, como si el inventario no bastara, las reformas: endurecimiento de penas por maltrato animal (hasta siete años por lesiones, hasta diez por muerte), impulso a veterinarias públicas municipales, registro de crematorios, la llamada Ley Vito. “La gente nos pidió una y otra vez que las mascotas tuvieran atención y que el maltrato no se quedara sin castigo. Lo escuchamos en la banqueta y lo llevamos al Congreso… Hicimos jornadas de bienestar animal con vacunas, desparasitación, aplicación de microchips para que una mascota perdida pueda volver a casa y si alguien sabe lo que eso significa esta familia”. La mascota, en el discurso, deja de ser animal y se convierte en pariente: tiene nombre, tiene lugar, tiene quien la espere en la puerta.
Habló también de las mujeres que salen de la violencia y buscan su primer negocio, de las iniciativas para meter psicólogos y nutriólogos en las escuelas, de su papel como presidente de la Comisión de Hacienda en la aprobación de un presupuesto “histórico” para programas como Mujer es Poder y Comemos Tod@s. Reconoció a la presidenta Claudia Sheinbaum por no avanzar con el cuarto muelle, por los casi 3 mil 600 millones de pesos de la CFE para el cable submarino y por el proyecto del hospital del IMSS. Reconoció a la gobernadora Mara Lezama por el nuevo cuartel de Seguridad Pública (83 millones) y las 21 unidades nuevas. Y entonces llegó la frase que ya suena a eslogan de campaña futura: “Cuando la Presidenta, la Gobernadora y Cozumel jalan parejo, a Cozumel le va bien. Por eso seguiremos sumando esfuerzos para que la transformación se traduzca en más resultados para las familias”.
“Para mí Cozumel es mi hogar, el arrecife, el cielo, sus playas, pero sobre todo su gente”. “Lo que se escucha en una casa no se queda ahí. Cada conversación se volvió una iniciativa en el Congreso del Estado”. “Ese Cozumel no es un sueño, es una tarea y se hace entre todos: con gobiernos, sí, pero también con vecinos, con empresarios, con maestros y con jóvenes”. “Mientras tenga el honor de representarlos voy a hacer lo mismo que el primer día: tocar puertas, escuchar y regresar con una respuesta, porque lo mejor de Cozumel está por venir. Y lo vamos a construir juntos”.
Y, casi de pasada, como quien menciona el postre después del guiso, anunció su registro a la convocatoria para la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Cozumel. El paso previo, el ensayo general, el “aquí estoy” rumbo a 2027. “Quise registrarme aquí, en la colonia, con la gente con la que hemos caminado todo este tiempo. Esta aspiración no nace en una oficina; nace de lo que hemos construido juntos, colonia por colonia y puerta por puerta”.
En las redes —ese otro parque, más ruidoso y menos oloroso a mar— el propio diputado escribió: “Rendí mi Segundo Informe como diputado por Cozumel y lo hice frente a las familias que me abrieron la puerta todo este año. Gracias por llenar San Gervasio y por ser parte de cada paso. Lo que conté hoy no lo hice yo: lo hicimos juntos. #HechoEnCozumel”. Algunos periodistas locales publicaron videos del parque lleno, de las sillas ocupadas, de los aplausos. Un comentarista escribió que a Cozumel le iría muy bien con el equipo que se anuncia. Otros, más distantes, recordaron que hay pendientes de agua, drenaje y seguridad, y que entregar libretas y microchips no resuelve el agua que falta o el drenaje que sobra. Pero en el parque de San Gervasio, esa tarde-noche de octubre, la liturgia se cumplió: el informe como reunión vecinal, la gestión como narrativa, la cercanía como promesa y el “jalan parejo” como horizonte.
En Cozumel, isla de arrecifes y de cruceros, de mascotas microchipeadas y de libretas escolares, el sábado 10 de octubre de 2026 el teatro se armó sin templete, a ras de piso, con el olor a mar de fondo y el hashtag #HechoEnCozumel flotando como una bandera improvisada. Y la gente, como siempre, estuvo ahí: escuchando, aplaudiendo, esperando que, esta vez, el “juntos” no se quede solo en la frase final.

