620077511_1312433944244204_6063413869325997750_n

En Playa del Carmen, existe un territorio de calles de terracería, casas improvisadas por la promesa de un fraccionamiento de interés social que se evaporó hace más de una década y dejó un vacío que otros llenaron. Hoy ese espacio tiene nombre, historia y un recuento de muertos que no cesa. Un asentamiento nacido del abandono y de la ocupación irregular se ha convertido en escenario recurrente de una violencia que ya forma parte de su paisaje cotidiano

PLAYA DEL CARMEN | Un hombre más cayó este domingo acribillado en las calles irregulares del asentamiento In House, en Playa del Carmen. La Secretaría de Seguridad Ciudadana recibió el reporte de una persona lesionada por arma de fuego, cuando los agentes llegaron, ya no presentaba signos vitales. La Fiscalía procesó la escena del crimen y se desconocen los generales de los sicarios y el móvil preciso. El episodio encaja en un patrón que lleva doce años repitiéndose en el mismo lugar: disparos, casi siempre desde motocicletas, seguidos de una fuga rápida por terracerías y maleza donde las autoridades avanzan con cautela o no siempre avanzan.

In House no nació como un barrio. Surgió de un fraude inmobiliario y de un abandono. En 2007, Arturo Millet Reyes —recientemente detenido en Yucatán por fraude— y socios como José Antonio de Haro Cervantes constituyeron en Cancún la constructora del mismo nombre. El proyecto prometía un fraccionamiento de interés social en una zona privilegiada, entre las avenidas Juárez, Constituyentes y Lilis. Hacia 2012, alrededor de doscientas viviendas quedaban inconclusas o en obra negra. Algunas se entregaron; otras fueron vandalizadas. La empresa quebró y el terreno, de unas 35 hectáreas, quedó desocupado.

En agosto de 2014, durante la administración municipal de Mauricio Góngora Escalante, grupos lotificaron y ocuparon el predio. Hubo intereses políticos y sociales de por medio. Poco después se intentó un desalojo. Los ocupantes respondieron con bombas molotov, machetes, palos y piedras. Unos cuarenta agentes municipales resultaron lesionados. Desde entonces el asentamiento impuso, en varios sectores, sus propias reglas.

El fraccionamiento In House era un desarrollo inmobiliario en el que participó la hipotecaria Su Casita. Esta empresa, una de las sofomes hipotecarias más importantes de México, entró en problemas graves tras la crisis de 2008-2009, reestructuró deudas, y en 2012 solicitó concurso mercantil en etapa de quiebra, declarada formalmente a finales de 2012 e inicios de 2013. Como resultado, el proyecto quedó a medias: algunas casas se entregaron legalmente a 90 familias en la zona, pero muchas otras quedaron en obra negra o abandonadas desde aproximadamente 2012.⁠

Más de 100 familias fueron afectadas por créditos no reconocidos o incumplimientos relacionados con Su Casita. Los terrenos y viviendas incompletas quedaron desprotegidos. A partir de 2013 hubo intentos de invasión como el de septiembre de 2013 cuando se desalojó a unas 15 familias. En agosto de 2014 la ocupación se intensificó de forma organizada: grupos de personas, muchas provenientes de colonias como Colosio llegaron en autobuses u otros medios, ocuparon casas en obra negra y terrenos aledaños, y comenzaron a lotificar y construir improvisadamente. Se reportaron cobros de “enganches” o cuotas a los ocupantes.⁠

Para septiembre de 2014 había varios focos de invasión, casas del propio fraccionamiento y terrenos contiguos, con cientos de personas que se organizaban, construían letrinas, dividían lotes y se conectaban irregularmente a la luz, había también residentes legales que pedían seguridad ante el aumento de invasores.

Los posesionarios improvisaron casas que van de la palapa a construcciones de concreto de varios niveles, abrieron calles de terracería, perforaron pozos y hasta el momento no existe un censo oficial preciso, este 2026 el Ayuntamiento hablaba de unas 800 viviendas censadas y de la posibilidad de regularizar entre 3.500 y 4.000 predios unifamiliares, todos carecen de servicios plenos porque el lugar no está municipalizado: la pavimentación es incompleta, el drenaje deficiente, la recolección de basura irregular y el agua y la luz no formales. En 2024 y 2026 los vecinos protestaban por baches, coladeras ignoradas y cortes de luz. El proceso de regularización avanzaba ese año, con negociaciones con propietarios privados y el ejido, pero la incertidumbre jurídica y la marginación persistían.

Detrás de esos problemas, la violencia llegó rápido, In House se convirtió en refugio y zona de operación de células dedicadas al narcomenudeo y al cobro de piso, incluyendo cuotas por electricidad o “servicios”. No hay un cartel único que lo controle; forma parte del mercado criminal fragmentado de Playa del Carmen, donde operan células locales, hay presencia documentada del CJNG y conexiones históricas o regionales con otras estructuras. Los grupos imponen “leyes” propias y en algunos puntos dificultan o impiden el paso de autoridades. Vecinos y reportes periodísticos señalan que la policía y las ambulancias entran con cautela o no siempre lo hacen, por el riesgo de emboscadas o ataques. Ese temor se reforzó desde el desalojo fallido de 2014 y por la densidad de calles irregulares y maleza donde se ocultan los agresores.

Los homicidios dolosos han sido constantes, casi siempre a balazos. En 2019 se reportó la ejecución de un hombre en la entrada del asentamiento (Juárez con Lilis) por sujetos que huyeron en un Chevrolet Aveo; otro asesinado por la espalda en un predio baldío en Bahía Ascensión con Constituyentes; uno más acribillado en Bahía Midey; y el caso de un hombre ultimado mientras llevaba a su hija a la escuela cerca de Lilis con Constituyentes. Ese mismo año un hombre fue asesinado a cuchilladas en el asentamiento y su cuerpo abandonado en Bellavista. En 2020 y 2021 siguieron casos, incluyendo una detención por un homicidio tras riña.

En años recientes la cifra se mantuvo alta. En 2024 se documentó la ejecución de un hombre a balazos en Gran Bahía, interceptado por sujetos en moto. En 2025, Martín de Jesús, alias “Comandante Oso” que había sido capturado en febrero de 2026 en la Colosio con armas largas tipo AR-15 y M4, pistola 9 mm y droga, fue vinculado a cinco homicidios en In House: Juan Manuel (10 de marzo), Rosenberg (30 de marzo), Beatriz Adriana (12 de junio), César Eduardo alias “El 18” (29 de junio) y Abel alias “El Tyson” (13 de julio). Se le atribuía narcomenudeo en la Quinta Avenida y cobro de piso en el asentamiento. Ese año y el siguiente hubo múltiples ataques más: en enero de 2026 un hombre recibió al menos cinco impactos en Bahía de Tiburones el segundo ataque en 24 horas en la zona; otro ejecutado de noche en Bahía de Campeche; en febrero uno perseguido y asesinado en Massachusetts con Lilis; en marzo un hombre de unos 45 años recibió al menos seis disparos, presunto cobrador de piso, ajuste de cuentas, sexto homicidio en el lugar ese año según reportes; en abril un ataque dejó muerto a Ale Eduardo “N” y herido a Cristian “N”, con detenciones posteriores de Ángel “Chaparro”, Lejan un hondureño, investigado también por otro caso de marzo ligado a cobros ilegales y Feliciano “El Paisa”, todos vinculados a distribución de drogas en In House; en mayo un operador de Tucsa fue ejecutado frente a su domicilio en Bahía de Corea era el segundo ataque contra la misma familia. Casos de 2026 mencionan armas .223 y 9 mm, agresores en motos que se internan en la maleza o calles irregulares, y móviles de disputa por narcomenudeo o extorsión. Operativos han asegurado casas de seguridad, dosis de cristal, marihuana, crack, cocaína y armamento en el lugar, con detenciones de células dedicadas a venta de droga y cobro de cuotas por luz.

El ciclo no se ha roto desde la invasión de 2014. Una necesidad de vivienda se cruzó con el abandono de un proyecto fraudulento. La ocupación irregular consolidó el poder de grupos delictivos locales. La falta de servicios y de certeza jurídica convive con el control de células que se disputan el mercado de drogas y extorsiones, mientras las autoridades avanzan lentamente en regularización y enfrentan limitaciones para operar plenamente en el terreno. In House sigue siendo, doce años después, un enclave donde la promesa de un fraccionamiento social se transformó en un territorio que genera sus propias reglas y, con demasiada frecuencia, sus propios muertos que ya suman más de 20 en los últimos 6 años.


Siguenos en
Google News
Google News

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *