Sobrevivientes por heridas de armas de fuego duplican los homicidios en México; excluir el dato sesga el análisis sobre la violencia
Tabasco refleja la tendencia nacional, por cada persona asesinada hay dos heridos de bala que son atendidos en hospitales públicos
En México, la violencia armada no se puede dimensionar únicamente por el número de personas asesinadas, porque detrás de cada homicidio doloso hay, en promedio, dos personas más que sobreviven a un ataque con arma de fuego y que ingresan a hospitales públicos.
Así lo revela el más reciente Reporte Ejecutivo de la Red por el Derecho a Saber AC, titulado “Las personas heridas por armas de fuego y su desenlace tras ingresar a hospitales públicos, elementos ausentes en el análisis de la violencia en México”.
El documento presenta un análisis comparativo entre cifras del sistema de salud y los
registros oficiales de homicidio doloso, evidenciando una dimensión subestimada de la
violencia en un país que lejos de contenerla la ha visto extender, desde hace
prácticamente 20 años.
En el reporte ejecutivo del estudio coordinado por el politólogo Luis Trinidad Baños, se
destaca que el panorama anual confirma que estamos ante un patrón estructural: Durante
2025, por cada homicidio doloso registrado en el país hubo un promedio de 2.08 personas
heridas por arma de fuego.
En términos absolutos, fueron 25,079 los homicidios dolosos reportados en plataformas
oficiales, mientras que 52,282 personas ingresaron durante esos doce meses al sistema
hospitalario por lesiones de arma de fuego, lo que equivale a 143 personas baleadas cada
día y a 6 personas baleadas cada hora.
“El volumen de sobrevivientes duplica sistemáticamente el número de víctimas mortales y
sin embargo, esta cifra no forma parte central del debate público ni de los discursos
oficiales sobre seguridad”, destaca el análisis.
Tabasco: 1,458 heridos de bala el año pasado
En el caso de Tabasco, el panorama de la violencia es reflejo de la situación nacional.
Durante los 12 meses del año pasado, el estado registró 743 homicidios dolosos, de
acuerdo con datos de la agencia TResearch International.
En paralelo, la Secretaría de Salud reportó 1,485 personas heridas por arma de fuego
durante el mismo periodo, lo que significa que por cada persona asesinada hubo
prácticamente dos sobrevivientes de ataques armados, una proporción de 1.99 lesionados
por cada homicidio.
Esto equivale a una relación casi exacta de 1 víctima mortal por cada 2 sobrevivientes, una
letalidad consistente con la lógica nacional observada en México (entre 30 % y 35 % en
contextos de violencia criminal).
Sin embargo, las cosas cambian en enero de 2026. El cruce de los dos indicadores
permite observar un cambio relevante en la dinámica de la violencia armada en Tabasco:
aumentó la proporción de personas que sobreviven a ataques con arma de fuego respecto
al número de homicidios dolosos.
Para enero de 2026, el Secretariado Ejecutivo reportó apenas 30 homicidios dolosos en
Tabasco, mientras que el sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud
contabilizó 66 personas heridas por arma de fuego (acumulado hasta la semana
epidemiológica 4). Esto eleva la relación a 2.2 sobrevivientes por cada homicidio.
El cambio implica que, en enero de 2026, la violencia armada fue proporcionalmente
menos letal que el promedio estatal observado en 2025, ya que la tasa de letalidad
estimada pasa de alrededor de 33.4% en 2025 a 31.3% en enero de 2026 (muertos entre
el total de víctimas: muertos + heridos).
En términos prácticos, el hallazgo sugiere que Tabasco no solo mantiene el patrón
nacional de que “por cada homicidio hay alrededor de dos sobrevivientes”, sino que en el
arranque de 2026 la proporción se incrementó, reforzando la importancia de medir no
solo homicidios, sino también lesiones por arma de fuego para dimensionar el impacto
real de la violencia en la entidad.
En este sentido, la Red por el Derecho a Saber destaca el hecho que no existe información
pública sistemática que permita conocer cuántos heridos fallecen días o semanas después
como consecuencia de las lesiones, cuántos quedan con discapacidad permanente,
cuántos casos se reclasifican posteriormente como homicidio o bajo qué categorías
médicas se registran las muertes hospitalarias derivadas de lesiones intencionales.
“En otras palabras, la violencia no termina cuando se registra un homicidio. Con las
personas heridas comienza una segunda estadística que rara vez se transparenta”, plantea
Luis Trinidad Baños, para quien esta ausencia de trazabilidad impide dimensionar con
precisión el impacto sanitario, social y humano de la violencia armada en el estado y en
México.
Añadió que concentrar la medición de la violencia exclusivamente en el número de
asesinatos genera una lectura parcial y potencialmente subestimada del problema, por lo
que pidió que el esfuerzo gubernamental se centre en transparentar la información
existente sobre los heridos por arma de fuego, así como el desenlace de su salud, porque
la violencia no solo es contar personas muertas sino revisar todo el fenómeno para
comprender el impacto económico, social y sanitario que está generando.
