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DE PRIMERA MANO
Rodulfo Reyes


En el horizonte electoral de 2027 —y aún menos rumbo a 2030— no aparece una figura opositora con la fuerza suficiente para inquietar al régimen morenista en Tabasco. No hay liderazgos ni bloques cohesionados ni narrativa que prenda al ciudadano.

Sin embargo, la verdadera amenaza no parece estar enfrente, sino puertas adentro. El adversario más serio de Morena podría surgir de sus propias decisiones u omisiones, particularmente en el tema que más ha lastimado a la sociedad tabasqueña en los últimos años: la inseguridad.

La criminalidad que se incubó y expandió durante el sexenio anterior no es un asunto ya concluido en tribunales. Es, más bien, una herida abierta en la sociedad.

Y las lastimaduras si no se atienden a tiempo se cangrenan hasta convertirse en males mayores. La ciudadanía difícilmente respaldará a un partido que no haya mostrado voluntad clara para deslindar responsabilidades, tanto por acción como por omisión, frente a un grupo delictivo que durante años operó con margen amplio y que aún hoy continúa generando episodios de violencia en el edén.

De cara a los comicios intermedios de 2027, el tema a debate no será nada más la eficacia del gobierno actual, sino la capacidad de Morena para demostrar que no protege a nadie.

El año próximo tendría que estar políticamente esclarecido que el ex secretario de Seguridad, Hernán Bermúdez Requena, no actuaba en solitario. La narrativa de que era un funcionario independiente es insuficiente para una sociedad que vivió siete años de zozobra, de 2019 a la fecha.

Será un mal mensaje si para entonces las instancias de procuración e impartición de justicia sostienen que el llamado Comandante H fue el único responsable del deterioro en materia de seguridad.

A no dudarlo, hay la certeza ciudadana de que el sistema permitió, por incapacidad o complicidad, que un solo hombre controlara la seguridad estatal durante años sin contrapesos efectivos.

Hoy día Morena no enfrenta a una oposición fortalecida. Pero sí corre el riesgo de convertirse en su propio adversario si no procesa con transparencia y firmeza las responsabilidades del pasado reciente.

En 2027 no solo estaremos ante una elección intermedia, sino que estará en juego la credibilidad de un movimiento que prometió ser distinto.

Falta menos de lo que parece para saber si el mayor enemigo de Morena vendrá de enfrente o de adentro.


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