El imperio criminal de ‘El Botox’ y ‘Los Blancos de Troya’ en la Tierra Caliente michoacana
CDMX | Durante años operaron en segundo plano, lejos de los reflectores que suelen ocupar los grandes cárteles de la droga en México. Sin embargo, para productores agrícolas, comerciantes de limón y autoridades locales de la Tierra Caliente michoacana, Los Blancos de Troya se convirtieron en uno de los principales generadores de violencia y extorsión en la región, y en una pesadilla.
Ahora, el anuncio ayer jueves por parte de las autoridades federales de la detención de su líder más visible, César Alejandro “N”, alias El Botox, volvió a colocar a este grupo criminal en el centro del mapa del crimen organizado en Michoacán.
De acuerdo con especialistas en seguridad entrevistados por Animal Político, Los Blancos de Troya surgieron alrededor de 2015 como un grupo de autodefensa, en el mismo contexto en el que proliferaron organizaciones armadas comunitarias en municipios como Apatzingán, Tepalcatepec, Buenavista y Parácuaro.
Con el paso del tiempo, ese origen se fue diluyendo y el grupo transitó hacia una estructura abiertamente criminal.
“Los Blancos de Troya nacen como autodefensas, pero después tienen una conversión criminal, como ocurrió con muchos otros grupos en Michoacán: comenzaron con el narcomenudeo, la extorsión, el robo de transporte de carga y de vehículos”, explica David Saucedo, consultor en seguridad.
La historia de Los Blancos de Troya está marcada por alianzas cambiantes. En sus primeros años, se integraron a la coalición criminal conocida como Cárteles Unidos, conformada por diversas organizaciones regionales que buscaban frenar la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Michoacán. Sin embargo, esa alianza se fracturó.
Con el tiempo, tanto Los Blancos de Troya como otros grupos —entre ellos Los Viagras— cambiaron de bando y comenzaron a colaborar con el CJNG. No se integraron plenamente a su estructura, pero sí funcionan como un brazo operativo regional, como una especie de franquicia criminal.
“Son aliados del Cártel Jalisco, pero no son propiamente Jalisco. Mantienen autonomía en sus municipios, sobre todo en el cobro de extorsiones, pero están ligados al CJNG”, detalla Saucedo.
Esta relación explica por qué, en algunos reportes de inteligencia, los líderes de Los Blancos de Troya aparecen asociados al CJNG, aunque en realidad se trate de una alianza funcional más que de una subordinación directa.
Dónde operan, qué controlan y el papel de ‘El Botox’
Los Blancos de Troya concentran su presencia en la región de Tierra Caliente, particularmente en Apatzingán y municipios aledaños, como Parácuaro, Buenavista, La Huacana y zonas cercanas a Huetamo. En total, especialistas estiman que han tenido presencia en al menos 10 u 11 municipios de Michoacán.
“Apatzingán es su bastión. Es una zona estratégica: hay producción agrícola importante, laboratorios de drogas sintéticas y cercanía con el puerto de Lázaro Cárdenas, clave para el ingreso de precursores químicos”, señala también en entrevista Víctor Manuel Sánchez Valdés, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila.
En esa región, Los Blancos de Troya se especializaron en la extorsión a productores agropecuarios, particularmente limoneros, así como a comerciantes y transportistas. El cobro de piso se convirtió en una de sus principales fuentes de ingresos, junto con el narcomenudeo y la producción de metanfetamina a escala local.
“No hay mucha información al respecto, pero todo apunta a que no son grandes exportadores de droga. Aunque sí tienen narcolaboratorios y fabrican metanfetamina que colocan, en buena parte, a través de la cadena del Cártel Jalisco”, explica Saucedo.
Dentro de esa estructura, César Alejandro “N”, alias El Botox, se consolidó como uno de los liderazgos más visibles del grupo. Su relevancia era especialmente fuerte en Apatzingán, donde fungía como operador clave dentro de la alianza entre Los Blancos de Troya, Los Viagras y el CJNG.
“El Botox era una pieza central de esa triple alianza para el control territorial de Apatzingán”, afirma Sánchez Valdés.
Las autoridades federales lo señalan, además, como posible autor intelectual del asesinato de Bernardo Bravo, líder de los productores de limón en Apatzingán, ocurrido el 20 de octubre del año pasado. De acuerdo con la investigación encabezada por la Secretaría de Seguridad federal y las fiscalías estatal y federal, el crimen estaría directamente relacionado con la negativa de los limoneros a seguir pagando extorsiones, el gran negocio de Los Blancos de Troya.
“El asesinato tiene sentido en esa lógica: gran parte de los ingresos de El Botox y de Los Blancos de Troya venían del cobro de piso a productores agrícolas”, sostiene Saucedo.
¿Qué cambia con la detención de “El Botox”?
Para el consultor en seguridad, la detención de El Botox abre al menos cuatro escenarios posibles en la región de Tierra Caliente.
El primero —que considera poco probable— sería una presencia sostenida de fuerzas estatales y federales que derive en la pacificación de la zona y en la eliminación de la actividad criminal. “Eso es lo que están buscando Harfuch y compañía”, señala, aunque advierte que, por la experiencia previa en Michoacán, ese desenlace enfrenta múltiples obstáculos, aun y con la aplicación del reciente Plan Michoacán para apaciguar el estado.
Un segundo escenario, explica Saucedo, es que el Cártel Jalisco Nueva Generación aproveche la debilidad estructural de Los Blancos de Troya e intente quedarse con la región.
Una tercera posibilidad es que otro grupo criminal, distinto al CJNG, busque apoderarse de las rentas que genera la extorsión. El consultor detalla que, hasta ahora, productores, tortilleros y comerciantes rendían tributo económico a El Botox, mientras que policías locales colaboraban con su estructura y alcaldes recibían financiamiento del grupo. En ese contexto, advierte, el siguiente paso clave sería desarticular la red político-policial que sostenía a Los Blancos de Troya en la zona.
El cuarto escenario que plantea el especialista es una guerra sucesoria dentro del propio grupo criminal. Según explica, la captura de El Botox puede detonar una disputa entre los comandantes que permanecen activos para definir quién se queda con el liderazgo de la organización. “No son tantos”, precisa, pero la confrontación podría traducirse en nuevos episodios de violencia.
Saucedo concluye que las autoridades esperan que la detención genere un “círculo virtuoso” de debilitamiento del cobro de piso y la extorsión en Michoacán, aunque subraya que ese resultado aún está por verse.
Para Víctor Manuel Sánchez la detención de El Botox sí puede provocar una reconfiguración del mapa criminal, aunque con un impacto principalmente local.
El experto subraya que César Alejandro “N” tenía relevancia sobre todo en el área de Apatzingán. “Era el brazo operativo de los Sierra Santana, es decir, de la gente de Los Viagras”, explica, por lo que su captura puede generar cambios en esa zona específica.
Su detención, advierte, abre la posibilidad de movimientos por parte de los grupos rivales. Por un lado, el Cártel de Tepalcatepec —que domina la franja fronteriza entre Michoacán y Jalisco— podría intentar avanzar sobre la ciudad, donde hasta ahora no era la organización predominante. Por otro, los aliados de ese grupo, incluidos remanentes de Los Caballeros Templarios con mayor presencia en el oriente de Tierra Caliente, también podrían buscar aprovechar el reacomodo para disputar el control de la zona.
Apatzingán, un polvorín criminal
En este contexto de dónde operaba principalmente El Botox, el investigador Víctor Manuel Sánchez —autor del artículo Radiografía del crimen organizado en Michoacán— subraya que Apatzingán reúne varios de los factores que lo han convertido en uno de los territorios más disputados por el crimen organizado en Michoacán.
Se trata, explica, de una zona con una alta concentración de narcolaboratorios dedicados a la producción de drogas sintéticas, una actividad que se ve facilitada por su cercanía con el puerto de Lázaro Cárdenas, uno de los principales puntos de ingreso de precursores químicos al país.
A ese componente se suma el peso de la economía agrícola. Aunque Apatzingán no es el principal núcleo aguacatero del estado —ubicado más al norte—, en sus alrededores se produce limón, aguacate y también frutos rojos, como fresas y berries. Esta combinación de cultivos genera rentas constantes que, de acuerdo con el experto, son aprovechadas por los grupos criminales mediante esquemas de extorsión a productores, empresas y comercios locales.
El control territorial, advierte Sánchez, no solo pasa por el dominio de las rutas y los laboratorios clandestinos, sino también por la capacidad de imponer cobros y tributos en una región con actividad agrícola estratégica.
Esa mezcla de producción de drogas sintéticas, economías legales extorsionadas y ubicación geográfica clave explica por qué Apatzingán se ha convertido en “un polvorín criminal” y en un punto central de disputa entre al menos ocho organizaciones delictivas, entre ellas, Los Blancos de Troya. Fuente Animal Político
