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KATMANDÚ | AGENCIAS | Una avalancha de lodo, rocas y agua arrasó el miércoles por la mañana los valles fluviales de la frontera entre Nepal y el Tíbet chino, dejando tras de sí un panorama de destrucción en el distrito de Rasuwa y zonas aledañas. La riada, que se originó en el río Bhote Koshi y se extendió hacia el Trishuli, sorprendió a aldeas, puestos fronterizos y proyectos hidroeléctricos sin que mediara una advertencia suficiente para evacuar a tiempo a la población dejado un saldo provisional de al menos 160 muertos y 894 desaparecidos en la región fronteriza del Himalaya.

Testigos y autoridades describen una masa de barro y escombros que avanzó con fuerza inesperada, arrastrando viviendas, puentes y tramos de carretera. En el lado nepalí, localidades como Timure y Syaphrubesi quedaron particularmente afectadas. Al otro lado de la frontera, en el condado de Gyirong, un deslizamiento de lodo impactó el paso fronterizo y generó también víctimas y desaparecidos. Las primeras horas estuvieron marcadas por la dificultad de acceso: el nivel del agua impidió en varios momentos el aterrizaje de helicópteros y el barro profundo complicó el avance de los equipos de tierra.

El gobierno nepalí, encabezado por el primer ministro Balendra Shah, activó de inmediato el dispositivo de emergencia. El Ejército, la Policía Armada y la Policía Nacional fueron desplegados en la zona, junto con personal adicional enviado desde otros distritos. Helicópteros militares y privados se incorporaron a las labores de búsqueda y rescate, mientras se ordenaba la evacuación preventiva de asentamientos ribereños aguas abajo. El Gabinete de emergencia declaró las áreas afectadas como zonas de crisis, dispuso tratamiento médico gratuito para los heridos y liberó fondos para la respuesta inmediata. Se activaron alertas por mensajes de texto y llamadas, y se restringió la circulación por carreteras de alto riesgo.

En el terreno, los rescatistas se enfrentan a un escenario complejo. Centros de atención temporal y equipos médicos, incluidos los del Ejército, atienden a los heridos evacuados hacia hospitales de Katmandú y de distritos cercanos. Las autoridades advierten del riesgo de nuevas crecidas si se liberan bloqueos residuales en el cauce superior del río.La respuesta internacional se movilizó con rapidez. India envió en las primeras horas una carga de ayuda humanitaria y medicamentos a bordo de un avión de su Fuerza Aérea, tras una conversación entre el primer ministro Narendra Modi y su homólogo nepalí.

China desplegó cientos de rescatistas en el lado tibetano y ofreció asistencia financiera inmediata, mientras el presidente Xi Jinping ordenaba intensificar las operaciones de búsqueda. El Banco Mundial comunicó su disposición a movilizar recursos de emergencia para el rescate, el alivio y la posterior reconstrucción.

Entre los desaparecidos se cuentan vecinos de las aldeas afectadas, personal de seguridad y un número significativo de turistas y peregrinos de distintas nacionalidades que se encontraban en la zona, muchos de ellos en ruta hacia sitios sagrados del Tíbet. Las embajadas de los países con ciudadanos no localizados mantienen contacto permanente con las autoridades nepalíes.

La magnitud de la devastación, que incluye la pérdida de infraestructura vial, energética y fronteriza, convierte este episodio en uno de los más graves que ha enfrentado Nepal en años recientes. Las operaciones de búsqueda continúan bajo la coordinación de la Autoridad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, mientras las autoridades insisten en que la prioridad inmediata es localizar a los desaparecidos y atender a los damnificados. El balance humano y material sigue actualizándose a medida que los equipos logran acceder a las zonas más aisladas.


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