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CDMX | NUEVA YORK | Dos agencias federales de Estados Unidos examinan acusaciones que vinculan a Andrés Manuel López Beltrán, conocido como “Andy”, hijo del expresidente Andrés Manuel López Obrador, con el crimen organizado y el contrabando de combustible, según un reportaje del The New York Times publicado este 29 de septiembre de 2026. Las pesquisas no han derivado, hasta ahora, en investigaciones formales, de acuerdo con cinco personas con conocimiento directo de las indagatorias internas que hablaron bajo condición de anonimato.

López Beltrán, de 40 años, figura central del partido Morena y exsecretario de Organización del Comité Ejecutivo Nacional, no enfrenta cargos penales en México ni en Estados Unidos. Él ha negado reiteradamente cualquier involucramiento en actividades ilícitas. La Fiscalía General de la República (FGR) ha declarado públicamente que las menciones a su nombre o a “el hijo del presidente” en expedientes relacionados con el llamado “huachicol fiscal” no constituyen datos de prueba con fuerza legal suficiente para abrir una indagatoria formal en su contra.

El huachicol fiscal, la importación de diésel y gasolina desde Estados Unidos disfrazada de aditivos o lubricantes para evadir el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), se ha convertido en uno de los esquemas de mayor impacto económico documentados en México en los últimos años. Autoridades mexicanas y estadounidenses estiman pérdidas de miles de millones de dólares para el erario. Redes que involucran a funcionarios de aduanas, elementos de la Secretaría de Marina y empresas privadas han sido objeto de operativos, decomisos de buques y cateos, entre ellos uno realizado en abril de 2026 en oficinas de una comercializadora en Houston, Texas.

En expedientes de la FGR revisados por medios mexicanos y citados por el Times, testigos colaboradores mencionan a “Andy” o al “hijo del presidente” en relación con operaciones de descarga de combustible en puertos como Tampico y Guaymas. Un testigo describió un “choque político” entre el entonces secretario de Seguridad y el entorno presidencial que habría influido en la liberación de un cargamento. Abogados de oficiales navales procesados han sostenido ante reporteros mexicanos que esas referencias aluden a López Beltrán. La FGR insiste en que tales menciones, por sí solas, no alcanzan el umbral para iniciar una carpeta de investigación contra él.

En el lado estadounidense, el Departamento del Tesoro, a través de OFAC y FinCEN, ha sancionado a operadores y empresas ligadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) por esquemas de contrabando de hidrocarburos. El FBI y otras agencias han intervenido empresas texanas sospechosas de suministrar combustible que luego ingresaba a México bajo documentación irregular. El Times no identifica públicamente las dos agencias que examinan el nombre de López Beltrán, ni detalla el alcance de las pesquisas ni si están vinculadas a la revocación de su visa.

En agosto de 2026, López Beltrán anunció que Estados Unidos le había revocado la visa. En una carta de tres páginas dirigida al presidente Donald Trump, calificó la medida de “burda y perversa canallada” y de acto propagandístico destinado a castigar a Morena. Funcionarios estadounidenses se han abstenido de comentar el caso individual, invocando la confidencialidad de los expedientes migratorios. La presidenta Claudia Sheinbaum describió las cancelaciones de visas a figuras de su partido como motivadas por razones políticas e injerencistas, al tiempo que reiteró que no se encubrirá a nadie si se acredita un delito.

Investigaciones periodísticas mexicanas han documentado vínculos de asociados cercanos a López Beltrán —en particular el empresario Jorge Amílcar Olán— con contratos públicos y operaciones de combustible. Audios filtrados y testimonios han colocado a ese círculo bajo escrutinio, aunque no se ha presentado evidencia pública que demuestre participación directa o conocimiento de López Beltrán en actividades delictivas. Él no respondió a solicitudes de comentario del Times.

El caso ilustra una tensión central del gobierno de Claudia Sheinbaum: cómo equilibrar la promesa fundacional de Morena de combatir la corrupción y los privilegios con la lealtad a figuras cercanas al expresidente que transformó el panorama político mexicano. Sheinbaum ha insistido en que “se cumpla la ley” y que las instituciones de procuración de justicia actúen sin injerencia extranjera. Al mismo tiempo, el partido enfrenta señalamientos de oposición y de medios sobre impunidad selectiva.

Hasta el momento, no hay indictments, órdenes de aprehensión ni sanciones formales contra López Beltrán. Las menciones en expedientes mexicanos y el interés de agencias estadounidenses permanecen en el terreno de las acusaciones no formalizadas y de las pesquisas preliminares. El Times subraya que López Beltrán ha intentado, a través de intermediarios, contactar a funcionarios estadounidenses en múltiples ocasiones durante 2026, sin que se hayan concretado conversaciones formales.

Este episodio se inserta en una relación bilateral tensionada por indictments contra gobernadores y funcionarios mexicanos, designaciones de cárteles como organizaciones terroristas extranjeras y una ofensiva estadounidense más agresiva contra las finanzas del crimen organizado, incluido el negocio de los hidrocarburos. Mientras las autoridades de ambos países no presenten pruebas verificables en un proceso judicial, el nombre de Andrés Manuel López Beltrán permanece en la zona gris de las investigaciones abiertas, las filtraciones periodísticas y las disputas políticas que definen, en parte, el legado de la llamada Cuarta Transformación.


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