La Nacha dominó Juárez 24 años: las 14 mujeres que rompieron el techo de cristal del narco mexicano
REPORTE MAYA | REDACCIÓN | En un mundo de balaceras, códigos de silencio y jerarquías masculinas casi absolutas, catorce mujeres lograron lo que a la mayoría de los hombres les cuesta décadas: sentarse en la silla del poder criminal. No es apología. Es un fenómeno real, documentado y todavía poco estudiado. Y empieza, como casi todo en la frontera norte, en Ciudad Juárez.
Ignacia Jasso, “La Nacha”, no solo controló la plaza más disputada de México: la retuvo 24 años, de 1931 a 1955. Amado Carrillo Fuentes, el “Señor de los Cielos”, apenas alcanzó cuatro años al mando formal del Cártel de Juárez (aunque operó 16). La Nacha los superó con creces. Heredó el negocio de su marido Pablo González, quien había expulsado a los traficantes chinos a base de plomo y sobornos. Ella lo expandió: opio y alcohol hacia El Paso en plena Ley Seca, una red de casas de opio en Juárez y una longevidad que terminó en 1982, de muerte natural, no de balazo.
Antes y después de ella aparecieron otras pioneras. Manuela Caro armó en Sinaloa, desde 1940, un clan familiar del que saldría décadas más tarde su sobrino Rafael Caro Quintero. En la Ciudad de México, María Dolores Estévez Zuleta, “Lola la Chata”, montó en La Merced, a partir de 1934, una red de distribución que sobrevivió hasta 1957 gracias a una capacidad legendaria para comprar policías.
Luego llegó la sequía. Casi cuarenta años sin mujeres visibles al frente. Hasta que en los noventa Delia Patricia Gutiérrez Buendía, “Ma Baker”, una secretaria que entró al negocio por necesidad, fundó desde cero el Cártel de Neza. Dominó el menudeo en Nezahualcóyotl y municipios vecinos, aliada del Cártel de Sinaloa. Fue, según los registros, la primera mujer en crear un cártel propiamente dicho.

El siglo XXI trajo relevos forzados y rupturas. Patricia Amezcua Contreras tomó el Cártel de Colima tras el arresto de sus hermanos; su mandato fue breve. Leticia Rodríguez, “Doña Lety”, y Melissa Calderón, “La China”, empezaron como operadoras del Cártel de Sinaloa y terminaron armando sus propios feudos: Cancún (2013-2017) y Los Cabos (2013-2014), respectivamente.
Hoy, dos siguen al mando. Enedina Arellano Félix dirige lo que queda del Cártel de Tijuana, uno de los grandes históricos, después de que sus hermanos cayeran uno tras otro. Karem Yépez Ortiz heredó en 2020 el Cártel Santa Rosa de Lima tras la detención de su hermano “El Marro”. En Guanajuato y Querétaro pelea el control del huachicol contra el CJNG y se mantiene como una de las organizaciones regionales más poderosas del país.
Completan la lista María Nava Romero (Los Rojos, 2013-2014), Angélica Zamora Castilla (Los Aparicio, hasta 2025), Olga Hernández Ortiz (Los Oaxacos, hasta 2025) y las sucesivas jefas del Cártel de Tláhuac, María de los Ángeles Ramírez Arvizu y Verónica Morales Soto.
Hay nombres que brillaron sin llegar a la cúspide: Sandra Ávila Beltrán y Claudia Ochoa Félix, ambas operadoras del Cártel de Sinaloa. Ninguna dirigió la organización. El dato importa: el techo de cristal del crimen organizado es más grueso de lo que parece, y solo catorce lo atravesaron.
El periodismo y la academia han mirado poco este fenómeno. Llegar a dirigir una organización criminal nunca es sencillo; para una mujer, los obstáculos son mayores. Entender cómo lo lograron, qué redes construyeron y por qué algunas sobrevivieron décadas mientras otras cayeron en meses no es romantizar el delito. Es mapear un lado oscuro del poder que, hasta ahora, ha permanecido en penumbra. Con datos de Víctor Manuel Sánchez Valdés @victorsanval/Animal Politico

