01fb48fe-336f-4be5-b475-0287f7af7d2e

PLAYA DEL CARMEN | REDACCIÓN | La Quinta Avenida de Playa del Carmen ya no huele a brisa marina ni a cocina recién abierta. A media tarde de un día cualquiera de octubre de 2026, el andador peatonal que durante dos décadas concentró el pulso comercial y nocturno de la Riviera Maya ofrece un paisaje de cortinas metálicas bajadas, terrazas semivacías y empleados que miran el reloj con la misma expresión de quien espera un tren que no llega. El corazón turístico de uno de los destinos más visitados de México late con dificultad.

El contraste es brutal. Hace apenas unos años, caminar por esta avenida paralela a la playa significaba sortear grupos de turistas estadounidenses y europeos, meseros que ofrecían mesas al aire libre y el ruido constante de música y conversaciones en varios idiomas. Hoy, según estimaciones de comerciantes y empresarios locales, alrededor de setenta locales —restaurantes, bares, boutiques y joyerías— han cerrado definitivamente o suspendido operaciones. Nombres que formaban parte del paisaje cotidiano, como Arte Taxco, con más de cuarenta años de historia, Waterboys, Porfirios, El Chachalaco, D’Beatriz o Lunata, ya no encienden sus letreros. Algunos dueños hablan de cierres temporales a la espera de la temporada de invierno; otros admiten, en privado, que no volverán a abrir.

La ola de cierres ha dejado un saldo humano visible. Más de dos mil trabajadores del sector gastronómico han perdido su empleo solo en la Quinta Avenida durante 2026, según testimonios de meseros y encargados de establecimientos. Muchos de ellos tenían contratos temporales o poco tiempo en el puesto. “Nos quedamos con dos o tres personas por local”, cuenta Rosario Alvarado, responsable de un restaurante que aún opera. “El mesero también es el garrotero y el cajero. Hay compañeros que ya regresaron a sus estados porque aquí no alcanza ni para la renta”. Santos Aguirre, mesero, confirma la misma historia: los primeros en salir fueron los de nuevo ingreso. La vida en un destino turístico caro se vuelve inviable cuando el salario desaparece.

Carlos Marín Morales, presidente de Coparmex Riviera Maya, cifra la caída de la actividad turística durante el verano de 2026 entre un 15 y un 20 por ciento respecto al año anterior. Atribuye el descenso al recale masivo de sargazo y al alza en el precio del petróleo, que encareció los vuelos. La ocupación hotelera en la Riviera Maya se desplomó en la primera semana de octubre hasta niveles de entre el 36 y el 44 por ciento, lejos del 70 por ciento registrado en el primer semestre de 2025. Guías de turistas como Julio Pedroza y Andrés Soto hablan de una tendencia a la baja que se arrastra desde 2024 y que se aceleró con reportes de violencia. El turismo estadounidense, históricamente el de mayor gasto, ha disminuido de forma notable; en la avenida ahora predominan visitantes argentinos y de otros mercados de menor poder adquisitivo.

El sargazo es un actor central de esta crisis. Aunque la Quinta Avenida no está sobre la arena, las playas adyacentes —El Recodo, Constituyentes, Punta Esmeralda— se convierten en focos de olor a huevo podrido cuando las toneladas de alga se descomponen. El ácido sulfhídrico se infiltra en las calles peatonales y desalienta a quien pensaba sentarse en una terraza. Playa del Carmen ha concentrado una de cada tres toneladas recolectadas en Quintana Roo este año. El municipio reporta más de 35 mil toneladas retiradas con una inversión de 100 millones de pesos. El sector hotelero de la región calcula un gasto anual cercano a los 150 millones de dólares para mantener las costas limpias. La maquinaria pesada que retira el alga arrastra también arena, acelerando la erosión. En puntos críticos, la playa ha retrocedido decenas de metros. Los turistas que no encuentran el mar turquesa optan por tours a Cozumel, Isla Mujeres o cenotes, y las boutiques y restaurantes de la avenida pierden el flujo de visitantes que antes llegaba después de un día de sol.

La inseguridad completa el cuadro y, para muchos locatarios, se ha convertido en el factor decisivo que precipita el cierre. Comerciantes hablan, casi siempre en voz baja y con la mirada fija en la puerta, del “cobro de piso”. Las cantidades documentadas en carpetas de investigación y testimonios recientes oscilan entre 10 mil y 50 mil pesos mensuales, aunque en algunos casos han escalado de forma agresiva. Un puesto ambulante de artesanías ubicado en la esquina de la calle 6 con Quinta Avenida recibió en septiembre de 2026 la visita de dos hombres que exigieron 10 mil pesos al mes y amenazaron con balacear el negocio si la encargada se negaba. Uno de ellos le proporcionó un número de WhatsApp y, más tarde, los datos de una cuenta bancaria para el depósito. Ambos fueron vinculados a proceso y quedaron en prisión preventiva.

En agosto, la propietaria de un bar situado sobre la avenida 15, entre las calles 10 y 10 Bis, enfrentó una demanda de 20 mil pesos mensuales. El presunto extorsionador ingresó al local, advirtió que podía balacearlo y privarla de la vida, y recibió 5 mil pesos en un sobre antes de que la mujer lograra alertar a una patrulla que pasaba. El detenido fue vinculado a proceso por extorsión agravada. Otros expedientes de 2026 registran exigencias de 15 mil pesos a encargados de bares en la zona centro, amenazas de “la próxima vez habrá muertos” y, en casos documentados por la Fiscalía en años anteriores pero aún vivos en la memoria de los comerciantes, cuotas que llegaron a 40 mil pesos semanales o incluso a 100 mil pesos en un solo cobro.

La dinámica es siempre similar: visitas presenciales, mensajes por WhatsApp, números de cuentas bancarias y la advertencia de que el negocio o sus empleados serán atacados. En algunos testimonios se menciona que, si el pago no se realiza, los grupos presionan para permitir la venta de droga dentro del propio establecimiento como forma de “saldar” la deuda. La plaza no parece tener un único dueño. Informes de seguridad y reportajes de investigación describen un mercado criminal fragmentado en el que células locales e independientes se disputan el territorio y, para infundir mayor temor, suelen invocar el nombre de organizaciones nacionales como el Cártel de Jalisco Nueva Generación o remanentes ligados a Sinaloa. La Fiscalía ha documentado capturas de presuntos operadores del CJNG en la zona, pero también de bandas más pequeñas que combinan el cobro de piso con el narcomenudeo.

El miedo a las represalias frena las denuncias. “Prefieren callar y cerrar”, resume un encargado de restaurante que ha visto cómo vecinos de la avenida bajan la cortina de un día para otro. Algunos joyeros y plateros optaron por abandonar Playa del Carmen por completo para proteger a sus familias. La Secretaría de Seguridad Ciudadana municipal afirma haber atendido 14 casos de intentos de extorsión durante 2026, de los cuales siete derivaron en personas vinculadas a proceso y bajo prisión preventiva. El Operativo Blindaje Quinta Avenida, desplegado con fuerzas de los tres órdenes de gobierno, ha intensificado la vigilancia, las inspecciones y las detenciones por faltas administrativas, aunque los comerciantes insisten en que la presión delictiva no ha desaparecido.

El narcomenudeo se ha entrelazado de forma casi inseparable con el cobro de piso en la zona. Varias de las células que exigen cuotas a los comercios de la Quinta Avenida y sus calles aledañas combinan ambas actividades: la extorsión y la venta al menudeo de marihuana, cristal, cocaína y otras sustancias. En algunos casos documentados por la Fiscalía, cuando un negocio no puede o no quiere pagar la cuota mensual, los grupos presionan para que se permita la venta de droga dentro del propio local como forma de “compensación”. La presencia de vendedores callejeros y puntos de distribución cercanos al corredor turístico genera, además, un clima de incomodidad constante para los visitantes y una competencia desleal para los establecimientos formales.

Entre el 26 de septiembre y el 3 de octubre se realizaron más de 1.300 inspecciones, se detuvo a 142 personas por faltas administrativas y se aseguraron narcóticos y un arma. Mercado ha defendido la inversión en seguridad —1.600 millones de pesos en dos años— y ha impulsado recorridos de supervisión. En mayo se ejecutó un cateo en el local Animalandia Maya, donde se rescataron 16 animales exóticos y silvestres utilizados para fotografías con turistas. La alcaldesa presenta estas acciones como parte de una política de turismo responsable.

A esta extorsión criminal se suman, según versiones de empresarios afectados, señalamientos de cobros irregulares vinculados a trámites municipales, especialmente en el área de Protección Civil. La discrecionalidad en la clasificación de riesgos de los establecimientos se ha convertido en una fuente constante de quejas. Negocios que durante años operaron como de bajo riesgo han sido reclasificados de repente como de mediano o alto riesgo, lo que dispara de inmediato los requisitos: programas internos de protección civil, análisis de riesgos, rutas de evacuación, contratos obligatorios de servicios médicos y ambulancia, seguridad privada, pólizas de seguro contra daños a terceros y planes de salvamento certificados. Cada uno de estos trámites genera costos adicionales que, en un momento de ventas mínimas, resultan insostenibles.

Los locatarios describen un esquema en el que la aplicación de la norma parece depender más de la relación con el inspector que de criterios objetivos. “Si eres mi cuate te cobro una UMA y si tienes dinero te cobro mil”, resume un empresario que ha preferido mantener el anonimato, citando la frase que circula entre comerciantes de la Quinta Avenida para ilustrar la arbitrariedad. Algunos aseguran haber enfrentado exigencias de “cuotas extraordinarias” o intermediarios que ofrecen agilizar permisos a cambio de pagos no oficiales. La dependencia cuenta con alrededor de cincuenta inspectores que revisan, en promedio, unos doscientos comercios, hoteles y restaurantes cada mes en un destino que recibe millones de visitantes al año. Esa capacidad de fiscalización, combinada con reglamentos que los propios empresarios consideran desactualizados, abre la puerta a la discrecionalidad.

El nombre de Darwin Covarrubias, secretario de Protección Civil, Prevención de Riesgos y Bomberos, aparece con frecuencia en las conversaciones privadas de los afectados. Fuentes cercanas a las investigaciones internas del Ayuntamiento han señalado que el funcionario enfrenta señalamientos de extorsión a empresarios que se remontan a su paso por el mismo cargo en la administración anterior. La alcaldesa Estefanía Mercado anunció en 2026 “cero tolerancia a la corrupción” y ordenó la separación de al menos dos altos funcionarios —el director de Desarrollo Urbano y el tesorero— tras detectar irregularidades en el manejo de recursos y la entrega de permisos. Aunque el gobierno municipal ha insistido en que las pesquisas continúan y ha llamado a denunciar a través de canales institucionales, la percepción entre muchos locatarios es que la presión administrativa se suma a la delincuencial y termina asfixiando a quienes aún resisten.

El Consejo Coordinador Empresarial de la Riviera Maya ha exhortado a sus miembros a evitar intermediarios y a denunciar cualquier irregularidad, pero el temor a represalias —ya sea de grupos criminales o de posibles retrasos en trámites— sigue frenando muchas denuncias formales. En la práctica, para varios dueños de restaurantes y boutiques de la Quinta Avenida, la cuenta de gastos mensuales ya no solo incluye renta, nómina, luz y mercancía: incluye también la posibilidad de un cobro de piso criminal y la incertidumbre de cuánto costará, esta vez, mantener al día los papeles de Protección Civil.

Sin embargo, las críticas desde el sector comercial no se han diluido. Varios locatarios perciben que las medidas llegan tarde o no resuelven los problemas de fondo: rentas que siguen altas —en tramos privilegiados superan los 70 mil pesos mensuales—, costos de insumos disparados e incertidumbre permanente. Las cámaras empresariales mantienen un tono más mesurado. Roberto Octavio Lepe Gutiérrez, de Canirac Playa del Carmen, reconoce una temporada baja prolongada y cierres, pero subraya que no se trata de una retirada generalizada. Algunas marcas nuevas siguen evaluando abrir hacia finales de 2026 o principios de 2027. Gerardo Valadez, también de Canirac, ha cuestionado en el pasado cifras alarmistas de cierres masivos, argumentando que existe rotación natural de locales. Julio César Villarreal Zapata ha alertado sobre la pérdida de competitividad y la presión fiscal adicional, incluido el posible aumento del Derecho de No Residente. Coparmex insiste en que se necesita más promoción y no alzas que encarezcan aún más el destino frente a competidores del Caribe.

En la avenida, mientras tanto, la rutina se ha vuelto austera. Los pocos clientes que llegan suelen pedir la cuenta pronto. Los artesanos reducen sus puestos. Los empleados que quedan reparten turnos y esperan que noviembre traiga al mercado canadiense y una recuperación del estadounidense. La Quinta Avenida sigue siendo el escaparate principal de Playa del Carmen, pero el escaparate muestra hoy más carteles de “se renta” que menús del día. El destino que se vendió durante años como paraíso enfrenta la interrogante de si podrá recuperar el ritmo antes de que la crisis se consolide como una nueva normalidad.


Siguenos en
Google News
Google News

Una respuesta a “La Quinta Avenida baja la cortina: crisis turística, extorsión criminal y oficial extinguen el ícono de la Riviera Maya”

  1. […] La Quinta Avenida baja la cortina: crisis turística, extorsión criminal y oficial extinguen el íc… Chacmuchuch: el silencio que pudre la laguna a las puertas de Cancún Siguenos en Google News […]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *