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CDMX | REDACCIÓN | En las últimas horas, la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama Espinosa, se convirtió en el nuevo foco de una tensión que lleva meses carcomiendo las filas de la Cuarta Transformación: la distancia entre el discurso de “justa medianía” y las prácticas de algunos de sus principales actores. Una investigación del diario Reforma, basada en registros aeroportuarios y del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, documentó que la mandataria acumula 97 vuelos privados desde que era alcaldesa de Cancún.

El reporte detonó una reacción inusual: legisladores de Morena y del Partido del Trabajo salieron a cuestionarla públicamente.Lezama, quien asumió la gubernatura en septiembre de 2022 tras haber gobernado el municipio de Benito Juárez (Cancún), comenzó a utilizar aeronaves privadas desde su etapa municipal. En aquel periodo, cuando su salario neto mensual era de poco más de 71 mil pesos, ya registraba 31 de esos desplazamientos. Como gobernadora, el ritmo se intensificó.

Los destinos más recurrentes en Estados Unidos han sido Orlando, Florida —con 53 entradas y salidas documentadas desde finales de 2022— y Vail, Colorado, un enclave de esquí y residencias de alto nivel. También aparecen en los registros ciudades europeas y canadienses como Roma, Londres, Madrid, París, Toronto y Vancouver.

El costo de operación de las aeronaves involucradas ronda, en promedio, los 6 mil dólares por hora de vuelo. Un trayecto privado a Orlando equivaldría, según los cálculos de la investigación, a alrededor de 406 mil pesos; uno a Vail, a cerca de 812 mil pesos.


Entre las aeronaves identificadas figura un Gulfstream G280. En total, los registros migratorios contabilizan 119 vuelos de entrada y salida del territorio mexicano desde el 1 de septiembre de 2022, cifra que contrasta con los ocho viajes al extranjero realizados por la presidenta Claudia Sheinbaum en los primeros dos años de su administración.

Uno de los episodios que más se ha citado data de febrero de 2020, cuando Lezama aún era alcaldesa. Un día después de arribar en vuelo privado a Vail, regresó a Quintana Roo para acompañar al entonces presidente Andrés Manuel López Obrador en una gira por Playa del Carmen. La imagen de la funcionaria que viajaba en jet y al día siguiente aparecía junto al mandatario que predicaba la austeridad republicana ya había generado críticas en su momento, pero no alcanzó la dimensión política que tiene ahora.

La reacción dentro de la 4T no se hizo esperar. El portavoz de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Arturo Ávila, fue de los primeros en hablar. Pidió a los integrantes del movimiento “cuidar” el proyecto y apegarse a los lineamientos éticos. Desde el Senado, el tabasqueño Óscar Cantón Zetina, también de Morena, fue más directo: esos viajes, dijo, no corresponden al espíritu de la austeridad republicana y deben aclararse.

El diputado del Partido del Trabajo Reginaldo Sandoval, aliado histórico de Morena, recordó los principios fundacionales del movimiento —no mentir, no robar, no traicionar— y subrayó que “todos los recursos que se manejan son del pueblo”. “Debemos ser precavidos en ello y debemos entender el mensaje”, afirmó en entrevista.

Aunque ninguno de los legisladores acusó abiertamente de uso de recursos públicos, todos coincidieron en que la ostentación de vuelos privados a destinos de lujo genera un daño reputacional al discurso que la presidenta Sheinbaum y la dirigencia nacional de Morena han insistido en mantener.

El episodio se suma a una serie de polémicas por viajes y estilos de vida de figuras de la 4T que han marcado los últimos meses. Vacaciones en Tokio, Madrid, Lisboa o Ibiza de altos funcionarios y legisladores ya habían obligado a la presidenta y a la dirigente nacional Luisa María Alcalde a reiterar llamados a la humildad y a la “justa medianía”.

En ese contexto, el caso de la gobernadora de Quintana Roo adquiere un peso particular: no se trata de un legislador de segundo nivel ni de un secretario federal, sino de una mandataria estatal de un estado clave para el turismo y la economía del sureste, y de una figura que llegó al poder bajo la bandera de la transformación.

Hasta el cierre de esta edición, la gobernadora no había emitido una respuesta pública detallada sobre el origen de los recursos utilizados para los vuelos ni sobre la naturaleza de los viajes. En el pasado, cuando se le ha cuestionado sobre el tema de la austeridad, Lezama ha sostenido que se trata de “una decisión personal”.

Esa respuesta, sin embargo, ya no parece suficiente para una parte de su propio movimiento, que ve en cada imagen de jet privado un riesgo de erosión del capital político construido durante años con el discurso de la austeridad republicana, y no se trata cuántas veces voló Mara Lezama en aviones privados, sino que atenta contra el movimiento que prometió terminar con los privilegios del pasado que ahora reaparecen con otro color entre los suyos.


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