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MIAMI | Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto del general Raúl Castro y coronel del Ministerio del Interior de Cuba, aparece señalado en documentos judiciales estadounidenses como colaborador de una red criminal dedicada al tráfico de migrantes y al contrabando entre Cuba, México y Estados Unidos.

Así lo revela un reportaje publicado este martes por The New York Times, basado en registros de una corte federal de Miami, testimonios de acusados que se declararon culpables y entrevistas con fuentes cercanas a la investigación.

La organización, bautizada por las autoridades como la “Mafia cubana de Quintana Roo”, operó durante más de una década desde el sureste de México.

Su método era sistemático: robaban lanchas de lujo y motores fuera de borda en el suroeste de Florida —desde Sarasota hasta Naples y Marco Island— y los utilizaban para sacar clandestinamente a miles de cubanos de la isla hacia territorio mexicano.

Desde allí, los migrantes continuaban el viaje hacia la frontera con Estados Unidos, el precio del trayecto rondaba los 10.000 dólares por persona.

Quienes no podían pagar quedaban retenidos en casas de seguridad. Según los fiscales, eran torturados con pistolas de descargas eléctricas y sus familias eran sometidas a extorsión.

Al menos 25 personas murieron durante las travesías, entre los que lograron llegar a suelo estadounidense figuraron peloteros profesionales como Yasiel Puig y Adeiny Hechavarría.

La red no se limitaba al tráfico humano, también introducía en Cuba mercancías adquiridas en México con tarjetas de crédito robadas.

Para operar con relativa impunidad, necesitaba protección en la isla. Dos de los principales acusados —José Miguel González Vidal, condenado a 25 años de prisión, y Reynaldo Crespo Márquez, sentenciado a 20— identificaron a Rodríguez Castro como la figura que facilitaba ese paso seguro.

González Vidal declaró haber entregado al nieto de Raúl Castro una lancha de alta velocidad Fountain 38, un reloj Rolex, una motocicleta Suzuki y ropa de la marca Louis Vuitton.

A cambio, según su testimonio y el de otras fuentes citadas por el Times, el oficial cubano usaba su influencia para reducir la vigilancia de la Guardia Costera y la Aduana, permitiendo tanto la salida de migrantes como la entrada de productos ilícitos.

El FBI recuperó mensajes de texto y de voz de los teléfonos de miembros de la organización que, según el diario, respaldaban parte de esas afirmaciones.

La investigación federal, conocida como Operación Sísifo, culminó con la condena de al menos 21 personas. Rodríguez Castro, sin embargo, nunca fue acusado formalmente.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos se negó a confirmar si existe una pesquisa activa en su contra.El Gobierno cubano respondió con firmeza.

Calificó las acusaciones de “calumnias” destinadas a sembrar división. El propio Rodríguez Castro no contestó a las solicitudes de comentarios del New York Times.

El reportaje del diario neoyorquino no se limita al expediente criminal. Sitúa a “El Cangrejo” en el centro de los contactos discretos que La Habana mantiene con Washington.



El coronel, que nunca ha ocupado un cargo público formal pero dirige la seguridad personal de su abuelo desde 2016, se ha reunido este año con el secretario de Estado Marco Rubio y con el director de la CIA, John Ratcliffe.

Fuentes cercanas a las negociaciones lo describen como un posible interlocutor aceptable para la administración estadounidense en un eventual escenario de transición, aunque advierten que su respaldo interno no está garantizado.

A sus 42 años, Rodríguez Castro concentra poder, acceso privilegiado y una reputación de hombre de gustos costosos.

Las revelaciones del Times lo colocan ahora bajo una luz distinta: la de un oficial de seguridad cuyo nombre aparece ligado, según testimonios judiciales, a una red que traficó seres humanos, extorsionó a familias y dejó un saldo de muertos en el Caribe.

La historia, hasta el momento, no incluye cargos en su contra. Solo el peso de los documentos y la voz de quienes ya cumplen condena.


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