Rafa Marín: la mano del árbitro y la fabricación del mártir
El Gato Maya 🐾
La resolución del IEQROO contra la agrupación Amigos de Rafa Marín y las medidas impuestas en torno a la promoción política del exdirector de Aduanas pretendían enviar una señal de autoridad rumbo al proceso electoral de 2027.
Sin embargo, lejos de mostrar músculo institucional, terminó regalándole a Rafael Marín lo que ningún estratega político compra ni con millones de pesos: la condición de víctima del sistema. ¡Vaya negocio!.
Y es que mientras el órgano electoral local se envolvía en la toga de la imparcialidad, en la calle se preguntaban ¿por qué Rafa sí y otros no?
Porque hoy nadie discute la falta, sino que todos discuten la intención. Y en política, cuando el acusado logra sentar al acusador en el banquillo de los cuestionamientos, la batalla ya cambió de dueño.
Lo más curioso vino después porque Rafa Marín no reaccionó como quien acaba de recibir un golpe político.
No hubo conferencias dramáticas, ni lamentos, ni llamados al cielo. Siguió caminando como si nada; como quien sabe algo que los demás todavía no saben.
Como quien entiende que una resolución local es apenas una estación de paso y no el destino final del viaje. Y eso, naturalmente, disparó la imaginación de la fauna política quintanarroense, esa especie que se alimenta de rumores, intrigas y sobremesas.
Las versiones que circulan en los pasillos sobre presuntos contactos en las alturas del sistema electoral jamás han sido confirmadas,
pero tampoco hicieron falta…
Porque en política la percepción suele correr más rápido que los comunicados oficiales y al final lo que quedó fue la sensación de un personaje que no parece preocupado porque actúa como alguien que ve el tablero completo mientras otros apenas celebran una jugada.
Y ahí es donde el IEQROO podría haber cometido su error más costoso: Quisieron construir un infractor, pero terminaron construyendo a un mártir.
Quisieron ponerle un freno pero le regalaron reflectores y lejos de reducirlo a un expediente, lo convirtieron en conversación obligada.
Porque cada vez que una autoridad es percibida —con razón o sin ella— como menos árbitro y más jugador, el sancionado gana algo mucho más valioso que una resolución favorable: gana simpatía.
Y la simpatía, para desgracia de muchos burócratas electorales, no se puede revocar en ninguna sesión del consejo general.
Al final, la gran paradoja es que quienes pretendían debilitar a Rafa Marín terminaron apareciendo como los arquitectos involuntarios de su crecimiento político.
Una hazaña difícil pero no imposible, el IEQROO lo ha demostrado…

