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Vecinos, empresarios y liderazgos sociales convergen en torno a seguridad, desarrollo y participación colectiva

CANCÚN | Entre calles de Rancho Viejo, la región 211 y la región 100, la presencia de Rafael Marín ha marcado el tono de una conversación que trasciende lo cotidiano. A su paso, vecinos, líderes sociales, taxistas en la Zona Continental de Isla Mujeres y actores del ámbito empresarial encuentran en su historia personal —ligada al crecimiento y la transformación de Quintana Roo— un punto de partida para intercambios donde el arraigo y la experiencia se vuelven eje central.

En un encuentro de amigos, con empresarios de varios sectores en la zona hotelera, conocieron su trayectoria en la administración pública, que ha sido uno de los elementos que dan sustento a estos diálogos.

Particularmente, se retoma su paso por aduanas, donde se alcanzó un incremento de 250 mil millones de pesos en la recaudación nacional en un solo año, recursos no previstos que fortalecieron el presupuesto federal. La dimensión de esa cifra —equiparable a la construcción de más de 100 hospitales— ha servido como referencia del impacto que puede tener una gestión enfocada en resultados.

Con vecinos de Zona Continental, Rafael Marín dialogó sobre la importancia de un gobierno que privilegia el conocimiento del territorio. En sus intercambios con distintos sectores, se resaltó la importancia de incorporar a quienes viven la realidad local en la toma de decisiones: colonias, organizaciones sociales y empresarios que sostienen la dinámica económica del estado.

En otro encuentro sostenido con amigos en la región 211, la seguridad es el tema que emerge y que ocupa – con mayor frecuencia – estas conversaciones. Bajo ese eje, Rafael Marín ha reconocido que se trata de la principal preocupación ciudadana y una condición indispensable para preservar tanto el bienestar social como la actividad económica. Lo que ha encontrado eco en distintos sectores que coinciden en la urgencia de atender este desafío.

Frente a ese escenario, surge la necesidad de una respuesta articulada. La participación conjunta entre gobierno, empresarios y sociedad aparece como una ruta viable, respaldada por experiencias como la de Monterrey, donde la coordinación entre sectores permitió revertir altos niveles de inseguridad.

En reunión con trabajadores – en un encuentro en un local – fue recibido por viejos amigos, como Salvador Ramos Bustamante, Manuel Tacú Escalante y Maribel Villegas, rodeado de familias entusiastas que le dieron la bienvenida.

Rafael Marín ha dejado entrever su preocupación por el rumbo del estado, particularmente ante los riesgos que la inseguridad representa para el turismo, principal motor económico de la entidad. En ese sentido, referencias como la de Acapulco surgen como advertencia sobre las consecuencias de no actuar de manera oportuna.

Así, en un diálogo entre distintos sectores, se perfila una narrativa donde convergen experiencia, diagnóstico y corresponsabilidad. Sin estridencias, Rafael Marín se coloca como articulador de una conversación que busca evitar escenarios adversos y fortalecer el desarrollo de Quintana Roo desde la unidad.


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