Declive de aves en la Zona Maya de Quintana Roo: deforestación y sequías prolongadas reducen hábitats en los últimos 15 años
JOSÉ MARÍA MORELOS | REDACCIÓN | Las poblaciones de aves en los municipios de la Zona Maya quintanarroense han registrado un declive notable en los últimos 15 años, aunque aún se requieren estudios más amplios y sistemáticos para precisar las magnitudes exactas. Así lo afirmó Vianney Janice Cupiche Herrera, jefa del Departamento de Desarrollo Sostenible de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo (UIMQRoo).
En entrevista, la académica explicó que la pérdida de hábitats, principalmente por deforestación y los efectos del cambio climático ya se traduce en una menor presencia de aves que resulta evidente incluso para observadores no especializados. Un estudio iniciado en 2011 en distintos puntos del municipio de Felipe Carrillo Puerto ha documentado variaciones en estas poblaciones: se observa una disminución tanto en la riqueza de especies como en la abundancia.
El declive no es un hecho aislado ni atribuible a una sola causa. Se trata de la interacción de varios factores que han intensificado la presión sobre los ecosistemas forestales de la región maya:Deforestación y manejo inadecuado de la selva. La expansión de la frontera agropecuaria, la extracción de madera, los incendios forestales recurrentes y el crecimiento de infraestructura turística y urbana en la península de Yucatán han fragmentado y reducido los hábitats continúos que las aves necesitan para alimentarse, reproducirse y refugiarse. En la Zona Maya, la selva mediana y alta —ecosistemas clave para especies residentes y migratorias— ha perdido cobertura de manera acelerada en las últimas décadas, interrumpiendo corredores biológicos esenciales.

Durante la última década y media, la región ha atravesado periodos secos más intensos y prolongados de lo habitual. Estas sequías reducen la disponibilidad de frutos, insectos y sitios de anidación, afectan la fenología de las plantas (momento de floración y fructificación) y elevan el estrés hídrico de los bosques. El aumento de temperaturas extremas agrava aún más estas condiciones, alterando los ciclos reproductivos de muchas especies de aves.
Efectos combinados y falta de datos de largo plazo. La fragmentación del hábitat aumenta la vulnerabilidad de las poblaciones a enfermedades, depredadores y cambios climáticos. Además, la escasez de especialistas locales dedicados al monitoreo constante de aves limita la capacidad de detectar tendencias tempranas y de diseñar medidas de conservación oportunas. Por ello, la UIMQRoo busca colaborar con investigadores de Canadá para instalar grabadoras acústicas que permitan identificar especies a través de sus cantos, generando datos más continuos y de mayor cobertura espacial.
Cupiche Herrera subrayó que, aunque los datos actuales todavía no permiten extrapolar cifras precisas a toda la Zona Maya, la tendencia de disminución ya es clara. El fenómeno refleja la fragilidad de los ecosistemas forestales del sureste mexicano frente a presiones humanas y climáticas, y pone de relieve la urgencia de fortalecer el monitoreo científico, la restauración de hábitats y las prácticas de manejo forestal sostenible en la región.

