Fin de semana de sangre en Quintana Roo: cuatro ejecutados a balazos, una madre frente a sus hijas y un vals que nunca se bailar
CANCÚN | Quintana Roo cerró el fin de semana con el sabor amargo de la pólvora y el llanto de quienes no debían morir. En apenas 48 horas, entre el sábado y el domingo, al menos cuatro personas cayeron abatidas a balazos en Cancún y Playa del Carmen. Cuatro vidas truncadas en calles que de día lucen turísticas y de noche se convierten en escenarios de ejecución. No hay cifras oficiales que disimulen la crudeza: la violencia no pide permiso y tampoco discrimina.
Cerca de la medianoche del sábado, en el cruce de las avenidas 38 y Chemuyil, a un costado de Plaza Las Américas, en Playa del Carmen, una mujer circulaba en motocicleta. La acompañaban, según las primeras versiones, dos de sus hijas menores. De pronto aparecieron los agresores. Ella lo percibió, bajó de la moto e intentó huir a pie. No alcanzó a correr lo suficiente. Los disparos la alcanzaron y la dejaron sin vida sobre el asfalto. Los niños resultaron ilesos, milagrosamente ajenos a las balas, y quedaron bajo resguardo de las autoridades. La escena es desgarradora: una madre que muere frente a sus hijas, en una vialidad cotidiana, mientras el resto de la ciudad duerme o sale de fiesta. Hasta ahora no hay detenidos. La Fiscalía General del Estado investiga, pero el silencio oficial es el mismo de siempre.

Esa misma noche, en Cancún, otro crimen se sumó a la lista. En la avenida Talleres, Región 101, un hombre identificado preliminarmente como Juan “N”, de entre 30 y 35 años y presuntamente de origen cubano, fue alcanzado por varios disparos. Dos sujetos que lo seguían en motocicleta abrieron fuego y escaparon. Siete casquillos quedaron en el lugar. Nadie ha reclamado el cuerpo. Las autoridades hablan de un posible ajuste de cuentas y descartan, al menos de manera pública, cualquier vínculo con campañas xenófobas que han aparecido en bardas de la ciudad. Otra muerte más, otra fuga perfecta.

El domingo la tragedia se repitió, esta vez con un matiz aún más doloroso. En el fraccionamiento Corales, Supermanzana 77 de Cancún, una mujer de unos 50 años y un hombre de aproximadamente 35 fueron acribillados. Ella había acudido a buscar al instructor de baile para coordinar el ensayo de vals de su hija, que se preparaba para sus quince años. Al salir del edificio, dos sujetos en motocicleta los interceptaron y dispararon una y otra vez. Testigos hablaron de cerca de 20 detonaciones. Ambos quedaron tendidos junto a una bocina que el hombre utilizaba para las prácticas. Paramédicos de ERUM confirmaron que ya no tenían signos vitales.

La hija de la mujer asesinada llegó al lugar y se enfrentó al horror: su madre yacía sin vida a pocos días de la fiesta que tanto soñaba. Versiones extraoficiales señalan que los agresores buscaban a un presunto distribuidor de droga de la zona y confudieron al instructor por el parecido en el corte de cabello. Si esa hipótesis se confirma, estaríamos ante un doble homicidio por equivocación. Una madre y un maestro de vals muertos porque alguien se equivocó de objetivo. Hasta el cierre de esta información, nadie ha sido detenido.

Estos cuatro asesinatos no son hechos aislados. En los primeros doce días de octubre, Quintana Roo ha vuelto a mostrar su lado más oscuro. El 3 de octubre, una mujer fue asesinada a balazos en la Supermanzana 38 de Cancún; días después detuvieron a dos fugitivos de un penal guatemalteco presuntamente vinculados al crimen. La entidad ya acumula una docena de feminicidios en lo que va del año, la mayoría concentrados en Benito Juárez. Cancún y Playa del Carmen siguen concentrando la mayor parte de los homicidios dolosos. Las autoridades reportan operativos, códigos rojos, peritos en la escena y búsquedas de cámaras. Pero las motocicletas siguen escapando y las carpetas de investigación se apilan sin resoluciones visibles.

El patrón se repite: atacantes en moto, disparos a quemarropa, víctimas que intentan huir o que simplemente estaban en el lugar equivocado, y un aparato de seguridad que llega cuando ya es tarde. Mientras tanto, las familias entierran a sus muertos y las niñas que iban a cumplir quince años o que viajaban con su madre cargan con un trauma que ninguna autoridad podrá borrar.Quintana Roo vende sol, playa y seguridad turística. Pero en las calles de sus colonias populares y fraccionamientos, la violencia escribe otra historia. Una historia de sangre que este fin de semana volvió a manchar el asfalto. La Fiscalía tiene la obligación de esclarecer cada caso, identificar a los responsables y romper el ciclo de impunidad. Porque mientras los sicarios sigan operando con tanta facilidad, el mensaje es claro: aquí se mata y se huye.
