Mara a sus adversarios: ni nos van a detener ni nos van a arrebatar el proyecto
El Gato Maya
Si alguien esperaba que el Cuarto Informe de Mara Lezama fuera solamente una larga lista de obras, cifras y buenas noticias, seguramente terminó llevándose una sorpresa.
Porque entre hospitales, carreteras, programas sociales, turismo y reducción de la deuda, Mara mandó un mensaje mucho más político que administrativo.
La gobernadora habló de quienes quieren desacreditar su administración, de los privilegios del pasado, de los “simuladores de ocasión”, de ambiciones personales y de cálculos anticipados que —según advirtió— pretenden fracturar la unidad del movimiento.
Y entonces soltó la frase que bien podría convertirse en el titular político de la noche: “No nos van a detener ni nos van a arrebatar la convicción de seguir transformando a Quintana Roo”.
Ahí estuvo el verdadero informe, porque Mara no solamente defendió cuatro años de gobierno, sino un proyecto político.
Y, de paso, les avisó a propios y extraños que una cosa es tener aspiraciones y otra muy distinta intentar apropiarse del movimiento.
Mara habló de la “derecha conservadora”, pero tampoco se quedó ahí.; también lanzó el dardo hacia los “simuladores de ocasión” y las ambiciones personales.
Y eso ya tiene otra lectura:
Porque una amenaza para cualquier proyecto político no siempre viene de enfrente… a veces duerme en casa.
Y cuando una gobernadora habla de unidad, lealtad y de cálculos anticipados, está hablando de poder.
Porque el problema no es que haya aspirantes, el problema aparece cuando algunos empiezan a creer que el proyecto es suyo, que la marca les pertenece y que el movimiento puede convertirse en franquicia personal.
Y ahí Mara fue bastante clara:
el proyecto no pertenece a grupos ni a intereses individuales; pertenece al pueblo.
Traducido al lenguaje felino:
nadie se adueñe del gato antes de que termine la cacería.
Mara puso todo sobre la mesa por una razón política muy sencilla: un gobierno con resultados tiene con qué defenderse… y aquí está lo interesante.
La gobernadora no pidió que le creyeran por decreto. les dijo, en esencia:
aquí están los resultados; ahora critíquenlos.
Eso cambia la conversación, porque es relativamente fácil atacar promesas; lo complicado es desacreditar un hospital que se construye, una universidad que abre, un puente que conecta o un programa que llega a miles de personas.
Las obras no votan, pero dejan memoria… Y la memoria, cuando llega una elección, puede ser bastante más peligrosa que una encuesta.
Y apareció 2027, aunque nadie lo invitara. Mara no pronunció el año mágico;
no necesitaba hacerlo, porque cuando habla de unidad, de ambiciones personales, de simuladores y de quienes pretenden frenar la transformación, el fantasma de 2027 llega solo.
Mientras unos apenas empiezan a preguntar quién va?; otros ya están haciendo cuentas, quién suma, quién resta, quién acompaña, quién se cambia de camiseta, quién sonríe demasiado
y quién abraza con una mano mientras con la otra ya está contando votos.
Este viejo Gato Maya solamente observa y recuerda una vieja regla de la política: el que se adelanta demasiado puede terminar corriendo solo.
Mara parece querer otra cosa:
primero consolidar el gobierno, después defender el proyecto y llegado el momento, evitar que la sucesión se convierta en una pelea de egos, capaz de fracturar lo que hoy presume como una transformación en marcha.
Y aquí está el problema para quienes quieren desmontar el discurso de Mara:
tendrán que competir contra los resultados, no solamente contra la gobernadora.
Podrán cuestionar cifras, señalar pendientes y criticar decisiones… Y deben hacerlo, porque para eso está la oposición.
Pero si pretenden disputar el futuro de Quintana Roo, tendrán que presentar algo más que el viejo catálogo de “todo está mal”, porque Mara ya colocó la discusión en otro terreno: “Sí se pudo”… Y ahora sus adversarios tendrán que explicar por qué no.
Después llegaron los drones.
el cielo de Chetumal se iluminó, la bahía quedó como telón de fondo y el espectáculo terminó, pero no la frase que seguía ahí, mucho más poderosa que las luces:
No fue un mensaje de despedida. ni de advertencia y estuvo dirigido a los adversarios de siempre: A los críticos; pero también —y quizá especialmente— a quienes desde dentro ya comienzan a hacer cuentas personales.
Mara les recordó que el proyecto está por encima de las ambiciones individuales y eso, en tiempos donde todos quieren ser indispensables, no es precisamente una caricia. ¡Es un jalón de orejas!.
Así que mientras algunos ya sacaron la calculadora para 2027, este viejo Gato Maya recomienda guardar tantito el lápiz, porque Mara acaba de dejar una condición sobre la mesa: primero la transformación; después, si quieren, hablamos de candidaturas.
Y así, los drones se apagaron, la música terminó y el informe concluyó, pero la advertencia quedó encendida: a quienes quieran detener el proyecto, Mara les dijo que no y a quienes quieran adueñarse de él, también.
Ahora sí, queridos lectores…
que comiencen los maullidos.
