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El Gato Maya 🐾

En Morena podrán decir que fue una asamblea informativa; pero, en política, las casualidades no existen y cuando los tres suspirantes de Quintana Roo aparecen sonrientes, hombro con hombro y perfectamente alineados apenas un día después de la gira presidencial, más vale leer la fotografía que el boletín.

Porque en política hay una regla no escrita: cuando el discurso oficial empieza a repetir la palabra “unidad”, es porque alguien ya hizo demasiado ruido.

Y entonces ocurrió el milagro… En Felipe Carrillo Puerto aparecieron “Gino” Segura, “Ana Paty” Peralta y “Rafa” Marín mirando a la misma cámara; como esos primos que llevan meses peleándose la herencia, pero que apenas la abuela grita: “¡Foto!”, se abrazan con una ternura digna de telenovela… al menos hasta que se apaga el flash.

La imagen dijo mucho más que todas las columnas, los trascendidos y los cafés políticos de las últimas semanas. Ahí estaban “Gino”, “Rafa” y “Ana Paty”, perfectamente acomodados para la lente, convencidos de que la unidad siempre fue su mejor virtud… aunque más de uno hubiera estado ensayando un libreto distinto.

Y ni siquiera hizo falta un regaño público, bastó con que la Presidenta hablara de unidad, disciplina y respeto a las reglas para que hasta los silencios entendieran el recado. Veinticuatro horas después, todos formaditos para la foto, como alumnos modelo cuando entra la directora al salón.

Aquella fotografía no fue para el álbum familiar. Fue un acuse de recibido: ¡”Mensaje entendido, Presidenta.”!

Pero en realidad, a nadie debería sorprender este ejercicio de control porque es la lógica de un movimiento donde las decisiones importantes se concentran en la cúpula y donde muchos ven el regreso del viejo dedazo, ahora con nuevos colores. Es vox populi que la candidatura —perdón, la Coordinación de la Defensa de la Transformación— no se definirá en las plazas, en las redes sociales ni en las encuestas de ocasión, sino en la mesa donde realmente se toman las decisiones. Lo de hoy fue, simplemente, el adelanto de la fotografía de la unidad… para el día después del dedazo

Claro que hay algo que ninguna fotografía puede garantizar: la lealtad de los inconformes; porque la unidad se presume, pero los agravios pesan. Y si el pastel no alcanza para todos, más de uno podría buscar acomodo en otra mesa, exactamente como le ocurrió al PRI en el sexenio pasado, cuando sus propias fracturas terminaron fortaleciendo a sus adversarios y perdieron las elecciones.

Por eso conviene no confundir una fotografía con una reconciliación. La competencia sigue viva; lo único que quedó suspendido fue la tentación de correr por fuera del carril.

Ahora vendrán las encuestas milagrosas, los operadores que presumen línea directa con Palacio Nacional, los “emisarios” que hablan a nombre de personajes que ni los conocen y los analistas de WhatsApp que cambian de favorito con la misma facilidad con la que cambian su foto de perfil.

Al final, la enseñanza es mucho más sencilla de lo que parece: el tablero nunca fue de los aspirantes; ellos podrán mover sus piezas, pero quien decide cuándo empieza la partida… también decide quién juega la final.

Y, como diría este viejo Gato Maya: en Morena cualquiera puede levantar la mano, pero nadie debe adelantarse a levantar la ceja; porque cuando el dedazo se pone el guante de la unidad, hasta los más rebeldes terminan sonriendo para la foto.


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