¡Piso parejo, dicen! El taxista entre Uber, las cuotas y la elección sindical
El Gato Maya
La protesta de taxistas frente al Instituto de Movilidad de Quintana Roo (Imoveqroo), que regentea Rafael Hernández Kotasek, realizada hace unos días en Cancún, fue presentada como una épica batalla en defensa del famoso “piso parejo” contra las plataformas digitales de transporte.
Muy bonito el discurso, pero el problema es que, cuando uno rasca un poquito la pintura, aparecen detalles bastante menos heroicos, pues entre los propios taxistas circula la versión de que muchos de quienes acudieron a la protesta no lo hicieron precisamente por voluntad propia, sino porque quienes les cobran cuotas en los sitios de la Zona Hotelera les hicieron saber que había que estar ahí.
Y aquí aparece el pequeño detalle que algunos prefieren esconder debajo del tapete: quienes cobran esas cuotas no son precisamente el sindicato Andrés Quintana Roo. ¡Ah, caray!
Entonces, las preguntas caen por su propio peso: ¿quién presionó?, ¿quién dijo “vas porque vas”? y, sobre todo, ¿quién se iba a hacer responsable ahora que Uber retiró los incentivos y dejó a Uber taxi con tarifas menos competitivas frente al servicio privado de la propia plataforma?
Porque el resultado es bastante simple: menos viajes, menos ingresos y más incertidumbre frente a las consideraciones que durante más de un año les había concedido la aplicación a los trabajadores del volante del sindicato Andrés Quintana Roo.
Porque el taxista quedó atrapado en una triste obra de teatro: de un lado, la cuota; del otro, Uber; y en medio, el trabajador preguntándose: “¿Y yo qué hago?”.
¡Pues protestar!, faltaba más…
No vaya a ser que después llegue el recibo de la cuota… y también el de las consecuencias… así cualquiera se convierte en revolucionario.
Pero la ironía de esta guerra es todavía mayor: los principales afectados por lo que algunos consideran una “venganza” de la aplicación digital son, en su mayoría, antiguos socios concesionarios, taxistas con años en el oficio quienes hoy ni al sindicato pueden cargarle la culpa de lo que está pasando con Uber, porque aunque sus dirigentes quisieran resolver el tema, no tienen una varita mágica.
Porque seamos serios: ¿cómo se puede reanudar el diálogo con Uber mientras, simultáneamente, del otro lado aparecen señalamientos, amenazas, protestas y exigencias de “piso parejo”, presionan a Imoveqroo y comienzan los operativos contra la plataforma?.
¡Pues claro que la negociación se complica!, es como llegar a pedir café mientras uno trae el machete en la mano.
Primero se exige diálogo, después se manda la amenaza y luego se protesta porque no hay diálogo.
¡Genial estrategia!
Uber, desde luego, tampoco es la Madre Teresa del transporte. Si modificó incentivos o condiciones comerciales, debe explicar sus razones. Ninguna empresa está por encima de la ley ni debería convertir al trabajador en rehén de una disputa, pero tampoco se puede exigir que una empresa vuelva a la mesa mientras del otro lado encuentra protestas, acusaciones y amenazas.
Así no funciona ninguna negociación.
Ahora bien, en medio de este sainete, la autoridad tampoco puede hacerse la sorprendida, porque buena parte de la exigencia del “piso parejo” es muy justa, pero siempre termina ignorándose desde la propia autoridad, con la complicidad de Kotasek.
Sin embargo, si se permite que el conflicto escale, que las posiciones se radicalicen y que el “piso parejo” se convierta en combustible político, después no se puede aparecer con cara de bombero preguntando por qué hay incendio. ¡Pues porque alguien dejó abierta la llave del gas!
Y aquí hay una responsabilidad institucional ineludible: generar condiciones para que exista diálogo, reglas claras y cumplimiento de la ley, no alimentar una confrontación que termina golpeando al trabajador.
Y ahora viene la parte sabrosa, porque
resulta que todos quieren defender al taxista justo cuando están a la vuelta de la esquina las elecciones para renovar la dirigencia del sindicato Andrés Quintana Roo.
¡Qué casualidad electoral tan conveniente!
Sin duda que el calendario electoral tiene la extraordinaria virtud de despertar súbitamente el espíritu protector de algunos.
Ayer nadie veía al taxista pero hoy todos quieren abrazarlo; todos resultan ser sus mejores amigos. ¡Hasta pareciera que el volante se convirtió en urna electoral!
Pero el taxista hace cuentas mucho más serias: ¿Cuánto me queda?, ¿Cuántos viajes hice?, ¿Cuánto pagué? y ¿Cuánto puedo perder?
Esa es la diferencia entre quien habla del trabajador y quien vive de trabajar; porque mientras unos hacen cálculos electorales, otros hacen cuentas de supervivencia.
Hoy, como resultado de la protesta en Imoveqroo contra Uber, alrededor de dos mil operadores de la zona hotelera estarían resintiendo los efectos económicos de esta confrontación, porque los que pagan la cuenta son ellos.
Porque si Uber endurece sus condiciones, pierde el taxista; si las cuotas presionan, pierde el taxista; si las protestas rompen el diálogo, pierde el taxista e incluso si la autoridad permite que el conflicto siga creciendo, también pierde el taxista.
¡Vaya “piso parejo”!
Por eso este viejo Gato Maya propone algo verdaderamente revolucionario: pregúntenle al taxista qué quiere: sin cuota, sin amenaza, sin elección, sin dirigente detrás, sin Uber respirándole en la nuca.
Que diga libremente si quiere protestar, trabajar con Uber, trabajar sin Uber o simplemente llegar a su casa con dinero suficiente para comprar la despensa.
Porque el taxista no necesita salvadores de temporada electoral, sólo necesita que lo dejen trabajar en condiciones justas.
De poco sirve una fotografía de sus líderes con la secretaria de gobierno si al día siguiente el operador tiene que regresar al sitio en las mismas condiciones.
Porque al trabajador del volante no le interesa quién sale más sonriente en la fotografía con Cristina Torres. Le interesa saber quién le va a quitar de encima a quienes lo presionan, quién le garantizará condiciones justas para trabajar y quién permitirá que vuelva a manejar sin miedo.
Y si de verdad quieren “piso parejo”, que empiecen por poner parejo algo mucho más sencillo: La ley.
Porque al final, queridos lectores, el asunto ya no parece ser quién maneja el taxi, sino quién está tratando de manejar al taxista… y quién quiere manejar el sindicato cuando llegue la elección.
Y de eso… este viejo Gato Maya todavía tiene varias garras que afilar.

