Puerto Morelos arde y el “Gobierno Verde” y represor de Blanca Merari es el que más se quema.
El Gato Maya
Puerto Morelos lleva cuatro semanas tragando humo, mientras el gobierno municipal de Blanca Merari se muestra sin autoridad moral para presumir su apellido “verde” y peor aún con represión policiaca contra pobladores que denuncian afectaciones, mientras la fauna busca refugio fuera de su hábitat.
Blanca Merari tiene una responsabilidad política ineludible sobre la manera en que su administración enfrenta una emergencia que lleva semanas afectando a la población y aquí es donde el “gobierno verde” empieza a ponerse negro.
Porque mientras los ciudadanos preguntan qué está pasando, quién investiga y qué se está haciendo para detener los incendios, la respuesta más contundente que han visto no parece haber sido una investigación, sino un despliegue de seguridad frente a quienes salieron a protestar.

Una concentración de apenas 40 o 50 personas habría sido enfrentada por más de 26 unidades de Policía y Marina.
Y mientras la selva se quema, el gobierno despliega fuerza contra el reclamo. ¡Vaya postal para una administración que presume sensibilidad ambiental!
Y el problema, entonces, dejó de ser únicamente el humo, porque cuando una emergencia se prolonga durante cuatro semanas sin respuestas satisfactorias, la autoridad no puede limitarse a administrar comunicados ni esconderse detrás de las competencias de otras instituciones: tiene que explicar qué está haciendo, qué ha exigido, qué resultados existen y qué sigue.

Y cuando los ciudadanos salen a reclamarlo, la obligación de un gobierno democrático es escucharlos, no reprimirlos y hacerlos sentir como si fueran el problema.
La denuncia de que un ciudadano habría sido amagado y la posterior detención de una persona durante la manifestación —hechos que deberán esclarecerse— agravan todavía más el costo político de una situación que el Ayuntamiento ya no puede tratar como un simple episodio ambiental.
Porque la protesta no provocó el incendio; el incendio provocó la protesta y ésa es una diferencia que cualquier gobierno debería entender.
Y aquí es donde el discurso del Partido Verde se estrella contra la realidad: resulta sencillo hablar de sustentabilidad cuando hay cámaras, eventos y boletines; lo difícil es demostrarla cuando la selva arde y los ciudadanos exigen respuestas.

El verde de las camisetas políticas no necesariamente es el verde de la selva.
Y es que mientras Puerto Morelos respira humo, en el gobierno de Blanca Merari comienza a respirarse algo más peligroso para una administración que no es solamente una crisis: es que la ciudadanía empiece a relacionarla con falta de resultados, falta de respuestas y exceso de control.
Porque una patrulla no sustituye una explicación, un operativo no reemplaza una investigación y ningún comunicado puede apagar la percepción de abandono.
En cambio, los portomorelenses recordarán quién estuvo al frente cuando la selva ardía, cuando el humo llegó a las casas y cuando los ciudadanos salieron a preguntar qué estaba haciendo el gobierno.
Y como diría este viejo Gato Maya: Puerto Morelos está harto de humo, pero más de Blanca Merari y del Verde… porque el fuego de la selva algún día se extingue pero el desgaste de una administración, cuando prende entre los ciudadanos, termina repudiado y este gobierno, aunque todavía se pinte de verde, ya huele demasiado a quemado.
