Sheinbaum llega a Tulum… y el verdadero sargazo la espera en el Palacio Municipal
El Gato Maya 🐾
La presidenta Claudia Sheinbaum aterriza este jueves en Tulum con una agenda que incluye tres asuntos de enorme relevancia: el Parque del Jaguar, el combate al sargazo y el Tren Maya de carga. Tres proyectos estratégicos, tres temas de Estado. Pero hay un cuarto asunto que, curiosamente, no aparece en el itinerario oficial: el gobierno municipal que tiene convertido al llamado Pueblo Mágico en un laboratorio del desorden.
Tulum presume playas de postal, hoteles de lujo y reconocimiento internacional, pero basta alejarse unos metros de la zona turística para encontrarse con una realidad que contradice el discurso oficial: crecimiento sin control, servicios públicos rebasados, movilidad caótica, inseguridad, desarrollos improvisados y una ciudadanía cada vez más frustrada.
Y, sin embargo, Diego Castañón camina como si acabara de ganar el premio al mejor alcalde del país. Lo extraordinario es que, después de una administración que sus detractores consideran decepcionante, todavía crea que merece un ascenso político. En Tulum, al parecer, algunos confunden rendición de cuentas con promoción personal.
En cualquier democracia seria, un gobierno con estos resultados estaría rindiendo cuentas, no repartiendo tarjetas de presentación para el siguiente cargo. Pero en la política mexicana existe una extraña costumbre: mientras peor gobiernas, más rápido aparecen los padrinos políticos para impulsarte al siguiente escalón.
No es casualidad que el nombre de Jorge Emilio González vuelva a aparecer detrás de las decisiones políticas en Tulum. El llamado “Niño Verde” ha perfeccionado una fórmula sencilla: administrar cuotas de poder, proteger a los suyos y presentar cada elección como si el electorado padeciera amnesia colectiva.
El problema es que la memoria ciudadana empieza a despertar.
La visita presidencial también debería servir para despejar otra incógnita. Jorge Portilla lleva demasiado tiempo jugando a la ambigüedad política. Si pretende incorporarse a Morena, tendrá que definir de una vez por todas con qué proyecto camina. Porque en política, permanecer eternamente en la línea de en medio no es estrategia; es falta de definición.
¿Está con Rafael Marín? ¿Está con Gino Segura? ¿O simplemente espera ver hacia dónde sopla el viento antes de levantar la mano?
La tibieza nunca ha construido liderazgos.
Hoy la Presidenta recorrerá obras, supervisará proyectos y hablará del futuro de Tulum. Pero el verdadero reto no está en los discursos ni en las fotografías oficiales. Está en responder una pregunta mucho más incómoda: ¿quién se hará responsable del presente?
Porque ningún Parque del Jaguar, ningún tren de carga y ningún anuncio multimillonario podrán ocultar indefinidamente lo que los ciudadanos enfrentan todos los días.
Porque las obras pueden cambiar el paisaje, pero los malos gobiernos terminan cambiando el ánimo de la gente. Y en Tulum, el verdadero sargazo no llega cada temporada: lleva años instalado en el poder. La diferencia es que ese no lo retiran las brigadas, sino los ciudadanos en las urnas.
