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DE PRIMERA MANO
Rodulfo Reyes

La eventual nominación de Daniel Casasús Ruz como candidato de Morena a la presidencia municipal de Centro parece ser el desenlace más lógico en un escenario donde el grupo en el poder se ha identificado plenamente con la continuidad del proyecto obradorista.

Más allá de tratarse de una simple candidatura, su posible postulación cerraría un proceso de reacomodo político que inició con la llegada de Javier May Rodríguez a la gubernatura en octubre de 2024, cuando comenzó el desplazamiento paulatino de una generación de políticos de origen priista que habían ingresado a Morena en 2018 bajo el respaldo del hoy senador Adán Augusto López Hernández.

En términos sencillos: si Casasús encabeza el ayuntamiento de Centro, la estructura política del gobernador habrá consolidado su dominio sobre una de las posiciones más estratégicas del estado.

Vaya, tradicionalmente la alcaldía capitalina es uno de los bastiones que el jefe político de la entidad busca asegurar hacia la mitad de su mandato para fortalecer su proyecto.

Un detalle que ha pasado casi desapercibido en el análisis público es que, desde el arranque de la actual administración, Casasús Ruz ya formaba parte del equipo de transición y entrega-recepción del nuevo gobierno. Fue una señal temprana y elocuente de la confianza que ya existía entre ambos.

Su cercanía con May no es casual ni de los últimos meses. Tiene raíces profundas, forjadas en una militancia compartida dentro del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador y en una alianza política construida mucho antes de que May tomara las riendas de la Quinta Grijalva.

Si en 2024 los fundadores históricos de Morena recuperaron espacios de poder que durante seis años estuvieron en manos del llamado “neomorenismo” —es decir, de cuadros provenientes del antiguo régimen priista que encontraron acomodo en el partido guinda—, el arribo de Casasús a la alcaldía representaría la culminación definitiva de ese reordenamiento.

Por ello, resulta reduccionista y superficial explicar su ascenso únicamente por su amistad personal con Andrés Manuel López Beltrán, con quien compartió estudios. Ese vínculo existe, sin duda; sin embargo, su trayectoria y crecimiento político en Tabasco se han construido, principalmente, al lado y bajo el ala protectora de Javier May.

Bajo esta óptica, la candidatura de Casasús no representa una ruptura ni una sorpresa. Se trata, más bien, de la continuación natural y previsible de la reconfiguración del poder en Tabasco, un proceso que comenzó el mismo día en que cambió la administración estatal.


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