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DE PRIMERA MANO
Rodulfo Reyes

El recrudecimiento de la violencia de los últimos días en Tabasco, derivado del choque entre los dos principales grupos delictivos que se disputan la plaza, no se está viendo en su justa dimensión.

El estado lleva un mes «bañado en sangre» y a diario aparecen ejecutados, declaró el diputado federal Erubiel Alonso Que a Radiofórmula.

La postura de la «nueva adquisición» de Movimiento Ciudadano es sesgada, pues guardó silencio durante la administración pasada, cuando se sembraron las bases de la inseguridad que hoy padece Tabasco.

Según explicó el secretario de Gobierno, José Ramiro López Obrador, los cuerpos desmembrados localizados en las últimas semanas pertenecen a integrantes de La Barredora y del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), organizaciones que dirimen con extrema violencia la disputa por el control de la plaza.

Pero hay un dato que los políticos no quieren ver o prefieren ignorar: parte de la violencia desatada proviene del cártel que, según el propio gobierno, fundó Hernán Bermúdez Requena, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana durante el sexenio pasado por designación del hoy senador Adán Augusto López Hernández.

De acuerdo con fuentes de seguridad consultadas por esta columna, por el lado del grupo atribuido al exjefe policiaco opera un sujeto apodado El Rayo, quien escapó del penal de Cárdenas con ayuda de policías.

Según consta en las averiguaciones que inexplicablemente mantiene detenidas la Fiscalía General de la República (FGR), fue Hernán Bermúdez quien ordenó esa fuga.

Fueron sus exsocios Carlos Tomás «N» y Ulises «N», hoy testigos colaboradores, quienes declararon que el entonces secretario de Seguridad autorizó la evasión de El Rayo.

Fue durante la administración pasada cuando el crimen organizado infiltró el sistema penitenciario y, como resultado, en marzo pasado ocho custodios ayudaron al reo Fermín «N» a fugarse por la puerta principal.

Sicario del cártel de Bermúdez Requena, en los casi cuatro meses que permaneció prófugo asesinó a nueve personas, entre ellas una mujer y un menor de edad.

Lo que muchos pasan por alto es que buena parte de la actual espiral de violencia es consecuencia de los remanentes de la alianza que existió entre criminales y funcionarios del pasado reciente.

Porque, dígame usted, ¿recuerda que Erubiel Alonso haya exigido cuentas a Adán Augusto López o a Carlos Merino Campos cuando gobernaban Tabasco?

¿Escuchó antes del inicio del gobierno de Javier May Rodríguez a los políticos y «analistas» cercanos al adancismo reclamar el crecimiento de la inseguridad?

Busque en la hemeroteca. No encontrará un solo pronunciamiento de Erubiel Alonso ni de quienes hoy exigen resultados contra los responsables de que Hernán Bermúdez sumiera al edén en la peor crisis de inseguridad de su historia.


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